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domingo, 31 de enero de 2021

 

EL IMPERIAL

Yo no miento, ni trampeo; a mí no me gusta jugar a dobles juegos ni creerme por encima del bien y el mal. Tampoco me termina de convencer el término 'outsider'; como si la responsabilidad de lo que pasa a mi alrededor no fuese conmigo, como si el mundo no fuera cosa que a mí me atañese: ni responsable del pasado ni involucrado en vuestro futuro.

* * *

"El descontento es el primer paso en el progreso de un hombre o una nación". Oscar Wilde

* * *

Y entonces, ¿qué soy yo, señor Dicks? Tal parece que un águila imperial; solitaria y triste, aunque lo suficientemente orgullosa como para pedir perdón y corregir mi programa de vuelo o para reconocer que quizá, de vez en cuando, puede que incluso yo me equivoque. Porque, al fin y al cabo, yo no soy más que otra criatura del buen Dios sujeta al libre albedrío, dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de prosperar. A toda costa.


miércoles, 18 de septiembre de 2019


-Te escucho.
-¿Y qué quieres que te diga?
-Nada.
-¿Nada?
-No hace falta que me digas nada; te escucho sin más.

FIN DE LA 5ª CONVERSACIÓN

viernes, 13 de septiembre de 2019


-En parte te odio.
-¿Por qué?
-Por haber tardado tanto en conocerte.

FIN DE LA 4ª CONVERSACIÓN

domingo, 8 de septiembre de 2019


-El problema es el siguiente: la gente desaparece, rompe con todo y se larga; durante un tiempo, unos años, muchos quizá, no hacen nada, nada que les delate, se quedan quietecitos, tranquilos, sin llamar la atención, y un buen día, cuando piensan que ya nadie los está esperando, se relajan y vuelven a ser ellos mismos. Tal vez no en todo su esplendor, puede que incluso se hayan olvidado de muchas de sus habitualidades, pero, aunque sea en un detalle de lo más tonto, vuelven a caer.
-¿Por qué?
-Qué se yo; intentan ingresar en la sede local del mismo club al que pertenecieron en la ciudad de la que huyeron?
-Puede que un simple gesto al reconocerse reflejado en algún trabajador que se dedique a lo que solía hacer en su pasado.
-Exacto: un simple gesto y un millón de preguntas desencadenadas.
-Preguntas incómodas, del tipo ¿por qué le sonríes al camarero, Arthur? ¿Te has vuelto marica o es que pusiste un par de copas en alguna fiesta de tu hermandad hace 50 años?
-A eso me refiero.
-Ya veo... ya.
-Puedes escapar, huir; pero siempre te llevarás algo contigo, y antes o después, lo dejarás salir a pasear.

FIN DE LA 3ª CONVERSACIÓN

domingo, 1 de septiembre de 2019


-¿Cómo se tiene una historia de amor con alguien a quien no conoces y a quien nunca conocerás?
-Si quieres te lo cuento -me dice, sonriendo-, pero entonces ya nunca será igual.
-Creo que estoy dispuesto a arriesgarme.
-Yo en cambio...
-¿Qué? -pregunto con un indescifrable gesto entre divertido y asustado-.
-No estoy tan segura de que estés listo para arriesgarte.
-Con tal de seguir oyéndote hablar.
-¡Vaya! -los ojos muy abiertos, la espalda que se estira hacia atrás, las manos que se abren y dejan abandonados a su suerte diez dedos sin nada qué hacer-.
-¿Qué?
-Eso sí que parece un primer paso; no me lo esperaba, la verdad. Corrijo mi veredicto anterior.
-No sabía que fuera un veredicto.
-Tampoco yo. Verás, ese es uno de los más graves problemas con el lenguaje: creemos que las cosas que tienen nombre siempre lo han tenido.
Por mi parte silencio, e imagino que cara de pánfilo perdido; así que es ella quien continúa.
-No me entiendes, ¿verdad?
-No estoy seguro.
-Dime una cosa: ¿qué te ha llevado a preguntarme acerca del amor?
-La verdad -intento responder titubeando-, yo tampoco estoy muy seguro de eso.
-Entonces, si mañana, o dentro de un par de años, o en otra vida, tú y yo terminamos yéndonos a vivir al Amazonas, y allí nos pasamos los días follando y teniendo hijos, ¿dirías que nuestro amor ha sido eterno, atemporal; que siempre fue, aún cuando ni nos conocíamos, igual que ha sido al final?

FIN DE LA 1ª CONVERSACIÓN

domingo, 7 de julio de 2019


Decidió hinchar todos sus presupuestos, para joder; para joder a todos los capullos engreídos que se creen demasiado listos para aceptar las normas de cualquier marco legal, moral o social.
Todo empezó cuando cayó en la cuenta de la cantidad de clientes que le pedían presupuesto para dejar de limpiar su negocio y que, en lugar de contratarle, terminaban 'incorporando' en su plantilla a una chica joven, morenita (= inmigrante en lenguaje políticamente más adecuado), más bien calladita y muy madrugadora. Algo olía mal, lo tenía claro; así que cuando alguien le preguntaba por un servicio, él añadía a todos sus cálculos 200 euros.
Por ejemplo: servicio de limpieza cada mañana, antes de abrir, de una cafetería con cierta actividad nocturna; 400 € + 200 = 600€.
Cuando esto pasaba, nadie le aceptaba el presupuesto, lógicamente (se había escapado del mercado), pero confiaba en que, a la pobre chica ilegal a la que le ofrecían el trabajo, no le pagasen menos de 300 o 320 euros bajo manga, que en el fondo es lo que le hubiese supuesto a él mismo tenerla, legalmente, en plantilla. De alguna forma sentía que así equilibraba la balanza, hacía un poco de justicia.
Inflaba, hinchaba, engordaba... y sonreía. Tal vez había renunciado a ganar unos cuantos cuartos apretando a sus empleados pero, si de algo estaba seguro, es de que así era feliz.

jueves, 4 de julio de 2019


¿Cómo se joden las cosas? La verdad es que, en eso de mandar una incipiente vida a la mierda, no hay épica alguna: las cosas se joden de la manera más tonta.
Por ejemplo: una chiquilla comentándoles a sus padres que quiere ser enfermera, ayudar a los demás; y un gilipollas que contesta que las enfermeras son las secretarias de los médicos y que, así, sólo puede aspirar a ayudar a algún buen médico, como mucho.
Jacobus Stolz convivía con una persona triste disfrazada de alegría absoluta, con un volcán emocional, una mujer frustrada, distraída, deprimida e incapaz de reconocer en sus raptores la fuente de toda su infelicidad.
Hablo de 'raptores' porque, cuando les conocí -a Jacobus y a ella-, solía contar historias de intentos de fuga y escapadas nocturnas para transgredir alguna directriz injusta. El caso es que acabaron minando su voluntad, y lo hicieron inculcándole, a la vez, un terrible sentimiento de perpetua deuda de sangre. Así que se fue marchitando, sin darse cuenta, si querer reconocerlo.
Por todo ello Jacobus les odia, con todas y cada una de sus células; les odia por destrozar un bello, hermoso, ángel de Dios. Y les odia más aún por hacerlo en nombre del Señor.
Pero, por mucho que Stolz entienda, por mucho que empatice y comprenda, la realidad, su realidad, es que se ha quedado solo: solo con un enemigo abúlico y agresivo, solo sin más herramientas que un detonador conectado a un cinturón de explosivos que no recuerda si se ha puesto esta mañana o, por el contrario, le ha dejado a ella antes de salir de casa.

domingo, 30 de junio de 2019

El hombre de acero ya no puede volar. No tiene ningún problema físico, pero por dentro está roto; se siente como si alguien le hubiese dado a beber una infusión de kriptonita maldita y ahora, triste y cabizbajo, no tiene muchas ganas de salir fuera del cómodo apartamento de Clark Kent para revolotear entre las negras nubes de Metrópolis y rescatar a algún capullo en apuros.
Que les jodan con sus gilipolleces, piensa él, y acto seguido se sirve otro bourbon mientras repite frente al reflejo que de su imagen le devuelve una vitrina llena de figuritas de cristal, que no puede volar: cómo voy a poder si ni ganas tengo de intentarlo.

***

Porque, si querer es poder, no tener la menor intención debe de ser el imposible absoluto.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

RELATIVO
     Qué diferente habría sido todo si yo..., si no fuese una mujer -piensa Elena-; si yo no tuviese esta pálida carita, estos ojos melosos y esta larga melena negra, nadie podría perdonarme. A nadie le importaría que Marta llevase años despreciándome en público, insultándome a diario, maltratándome en la cama; ni las quemaduras de los cigarrillos en los brazos, como castigo a mis osadías, justificarían mi arranque de furia asesina, mi venganza a cuchillo en un arrebato de locura, si yo me llamase, por ejemplo, Manolo. Entonces la prensa hablaría de violencia de género, y no de defensa personal; qué diferentes serían las declaraciones de los vecinos, nada de 'la verdad es que la otra la tenía amedrentada, vivía atemorizada' o 'aunque no deba decirlo, lo cierto es que la chiquilla no podía seguir viviendo así'. Si yo fuera Manolo, todo lo que saldría de las bocas de quienes nos conocían sería el trillado 'nadie lo hubiera dicho, parecían tan normales'. Mis hermanos no iniciarían una campaña en alguna plataforma de recogida de firmas pidiendo mi indulto, porque la verdadera maltratada en esta historia soy yo, sino que apartarían de un manotazo las cámaras negándose a realizar declaraciones al tiempo que se desmarcarían de cualquier vínculo conmigo. Yo no sería una heroína luchadora y liberada; sería un monstruo más, el enésimo en una lista interminable de crueles avasalladores. No faltaría algún amigo, en las noticias de la noche, haciendo muchos aspavientos y gestos con las manos mientras trataba de explicar a los telespectadores lo cruel que resultaba mi agresividad pasiva en cada encuentro que con él habíamos mantenido en los últimos años. Sin duda yo sería, sencillamente, el cabrón del Manolo, otro malnacido más, un asesino sin excusa, una vergüenza y un completo desgraciado.

domingo, 27 de noviembre de 2016

DE LA BUENA EDUCACIÓN
     Nadie contesta al teléfono después de las doce; territorio vedado, lo llaman. Me dicen que tengo que ser comprensivo, que mi lógica es incomprensible y a esas horas sólo los borrachos y los degenerados se acuerdan de sus asuntos pendientes. Yo les pregunto si acaso al resto de la gente le falla la memoria después de cenar, mientras ven películas malas en sus aparatos de televisión, o cuando pelean con el insomnio atrapados en sus edredones nórdicos. Casi nadie se molesta en responderme, me toman por un caso perdido; quien aún muestra algo de paciencia conmigo me explica que, con el cambio de fecha en el calendario, la gente de bien suele hacer borrón y cuenta nueva: las personas normales saben aparcar esas cosas. Descubro así que yo no soy normal, ni gente de bien. Agradezco los servicios prestados, el descubrimiento, y cuelgo. A los pocos minutos vuelvo a echarle mano al aparato y marco de nuevo; qué diablos puedes querer ahora,  me preguntan. Yo, muy circunspecto, respondo: tan solo llamaba porque había olvidado pedir perdón.

jueves, 24 de noviembre de 2016

¿QUIÉN ES QUIÉN?
-Y tú, exactamente, quién eres aquí -le preguntó aquel tipo de aspecto burlón y sonrisa sardónica-.
-¿Cómo que quién soy? -preguntó, inocente como siempre, el bueno de Augustus-.
-Sí hombre -río el otro-; todos somos alguien aquí -e hizo un gesto girando su índice hacia el suelo, como si rodease un diminuto poblado imaginario-.
-¿Alguien?
-Por supuesto, muchacho: 'alguien' -le increpó-. Yo, por ejemplo, soy el tipo que bebe cerveza a todas horas. Eso -añadió visiblemente satisfecho de su don- es lo mío.
-En fin -comenzó Augustus tras unos segundos de vacilación-, en tal caso, supongo que yo soy el tipo que lee y escribe, el deportista empedernido...
-Vaya con el polifacético -intervino el socarrón interlocutor de nuestro amigo-.
-...el amante de la música -siguió él sin percatarse de la interrupción-, el paseante que termina las jornadas delante de una taza de té bien calentito mientras charla con cualquiera que quiera hablar con él...
-¿En serio? -saltó nuevamente el forofo de la cerveza-.
-Claro -respondió, esta vez con aplomo y convicción, Augustus-; soy el tipo empeñado en no parar de vivir mientras viva.

domingo, 20 de noviembre de 2016

          Seamos sinceros; realmente qué pasaría -algo demasiado grave acaso- si decido que todo se ha acabado.

jueves, 4 de agosto de 2016

ESPERANZA
     Publirreportajes televisivos. Pretemporada y ronda de contactos. Eventos, inauguraciones, encuentros, citas. Prensa rosa, revistas deportivas y cómics porno-erótico-festivos. Préstamos inmediatos, hipotecas.
     La verdad es que yo me alegro; el nivel de estupidez está a punto de ser absoluto, lo que nos llevará, en breve, a reaccionar; aunque sólo sea por una simple cuestión de supervivencia. Son los puntos sin retorno aquellos que con mayor fuerza nos pueden propulsar al cambio.

miércoles, 27 de julio de 2016

BE CAREFUL
     Familias felices; al menos lo parecen, todas ellas: los hombres vestidos con trajes de colores llamativos, estrambóticos zapatos y corbatas imposibles; ellas con mucho, muchísimo maquillaje, arreglos aquí y allá, "hoy he sido la primera en la pelu", tocados ilógicos y tacones por los que cualquier fisioterapeuta mínimamente cualificado perdería la cabeza. ¿Qué decir de los niños? Más caramelo en las manos que en la boca, barro bajo las uñas rotas, el pelo alborotado en un último remanso de libertad real, los pantalones perfectamente planchados.
     Lo intenté por tercera vez. No fue la definitiva; aunque eso ya lo tenía claro mucho antes de empezar. Las gafas de sol perfectamente desalineadas con mi rostro me protegen de las múltiples posibilidades de mí mismo. Apenas pienso, o al menos intento pensar exclusivamente en no-pensar, y a pesar de ello, existo y resisto; pido otra cerveza y admito o asumo que esto no va a ir a mejor.
     Por supuesto, después de esta tercera hubo una cuarta, una quinta y muchas más, intentonas todas ellas infructuosas, todas igual: tropezón y a rodar; a veces cuesta abajo, otras, sorprendentemente y contra todo pronóstico, hacia arriba. El hombre medio suele necesitar un par de horas para poder entrar en materia con alguna posibilidad de éxito; yo he conseguido alcanzar la activación inmediata a base de escasez total de tiempo y necesidad extrema de profundidad real. Podría, por ejemplo, estar escribiendo estas líneas mientras las familias felices me rodean, con sus alegrías absolutas y sus problemas sin remordimiento; podría escupir estas palabras al tiempo que uno de ellos, cualquiera, me cuenta sus planes para hacerse con el control total del gobierno después de lanzarle una OPA hostil a una mega-macro-corporación, no sin antes conseguir enchufar a uno de sus hijos en la guardería más elitista del barrio. Yo mientras tanto, claro está, sonreiría y asentiría; no fuera a ser que alguien descubriese que no me siento parte de este feliz mundo plástico ideal.

lunes, 25 de julio de 2016

  



  Cuando ataco, como cualquier animal doméstico que ha olvidado su pasado en libertad, lo hago asustado. En ocasiones la altura de los propios procedimientos y la profundidad de sus expectativas, resulta ser demasiado para uno mismo.

sábado, 23 de julio de 2016

A PESAR DE LA DEMOCRACIA
     ¿Quién tiene ganas de pensar hoy, ahora? Vayan terminando, es tarde; haga usted el favor de callarse, policía, desalojen la sala.
     Vienen: buenos días, ¿aquí? ¿Será? Piensas un rato, le echas un vistazo a la papeleta, a la tarjeta censal, al DNI; terminas concluyendo que sí, aquí es, o no, mire, es ahí al fondo, en la mesa de la derecha, no, esa no, la otra. En la mesa de la izquierda tres cuarentones saltan en sus sillas y rugen con voces socarronas; al parecer se acerca otra joven con cintura de abeja y larga melena ondeante. Hay momentos en los que uno piensa que serían capaces de atacarla ahí mismo, en medio de la sala, bajo la atenta mirada de interventores y electores, como genuinos depredadores dando cuenta de su trofeo.
     De vez en cuando se deja caer por aquí uno de los pululantes: seres danzarines, aburridos, que, acreditación en mano, se empeñan en dirigir el tráfico, en organizar el trabajo del voluntario impuesto. Aparecen por la izquierda, toquetean todo lo que pueden por detrás y después, mutis por el foro a la derecha. Un tipo desequilibrado, alguien real y profundamente perturbado, todo un loco, no dudaría en cargar contra todos ellos y liquidarlos. Imagino que nadie se lo reprocharía hoy; no aquí.
     Votantes indecisos lanzando monedas al aire; recuerdo haber oído en mi tierna infancia como una señorona justificaba su voto, su democrática decisión, con el corte de pelo de cierto líder político y lo bien que le quedaba el flequillo. Soñadores, cosa lógica a los veinte, una envidia a los setenta; tarambanas a los treinta, cuarenta, cincuenta... Todos los votos valen lo mismo, esa es la premisa; igual, que diría mi hija de dos años. Aunque lo cierto es que todo terminará dependiendo de en qué ciudad esté uno empadronado.
     Al final llegan las carreras, los números, las cuentas. Ábaco y calculadora. A mí me viene a la cabeza un cliente que lleva tres meses sin fondos en la cuenta en que tiene domiciliados los pagos de mis servicios. Tal vez no tenga nada qué ver con todo esto del proceso electoral, pero es lo que hay: de momento mi cabeza, y en especial sus mecanismos y resortes automáticos, todo ello sigue siendo autónomo. No ocurre lo mismo con los vocales nerviosos; los interventores pasivos hasta hace media hora se tornan sutiles prestidigitadores; los policías, aliados con los empleados de correos, quieren irse a casa ya. Yo también, coño, y suelto el taco bien alto; que todo el mundo me oiga, que yo también puedo ser 'tycpical spanish'. Así que venga, decidamos; contamos por cuarta vez o apuntamos un par de votos nulos más.
     Quien esté libre de pecado... y a mí me entran ganas de ponerme en pie, robarle una porra a un agente del orden y, cual ángel vengador, liberar a todos mis congéneres de esta tortura, poner fin a esta aberración que pretendemos justificar ahora, dieciséis horas más tarde de haber comenzado, a cualquier precio, cueste lo que cueste, a pesar de la Democracia.

miércoles, 8 de junio de 2016

HOMBRES MUERTOS
     Hombres sin cojones, maltratadores potenciales mutilados y lastimeros. Qué asco me da usted, señor, con toda esa miseria saliéndole de la boca, rebosándole los pantalones de pana; de qué coño quiere usted vivir los próximos sesenta años, lo que le quede en la Tierra.
     Partirán sus cuerpos, sin duda, como ya lo hicieran antes sus mentes, empujadas por las circunstancias adversas; algún día alguien mirará hacia el rinconcito que solían ocupar y lo verá vacío; lo peor es que , pese a notar algo diferente, no caerá en la cuenta de qué ha cambiado. Hombres completamente prescindibles, innecesarios lo mires por donde lo mires; no tienen nada que ofrecer, todo lo han perdido: su integridad intacta, su identidad ausente, sin patria pero con casa, sin futuro, anclados en la memoria; hombres sin interés ni opinión, ni voz ni opción. Hombres muertos.

domingo, 22 de mayo de 2016

LA INFORMACIÓN
     Un hombre muerto no, pero sí cansado, visiblemente hastiado (aunque hay quien, no del todo equivocadamente, le cree enfadado). No está claro -aún- si ya está a punto -de estallar o reventar o arder- para lo que viene a continuación, después de su vida, más allá de sus miserias; atrás todo: sueños, miedos, esperanzas, desencantos y jaulas.
     Se bebe una cerveza, después otra; ningún trago saboreado, cacahuetes acompañando el nerviosismo ilógico del hombre aburrido. Todo resulta mecánico: respirar, escribir, pasar desapercibido (nadie parece fijarse en él; porque, bien pensado, a quién puede importarle la existencia de este tipo).
     A este hombre le han podido la monotonía de los días gastados en la realidad de la vida y la vasta sombra de los fantasmas de un pasado atemporal, perpetuo, eterno, del que se siente culpable. No nos cae ni bien ni mal; nada en él despierta nuestra simpatía, no hay motivos para detestarle; pero, eso sí, nos resulta interesante: qué diablos le ha pasado, qué ha hecho, por qué, por qué.
     Lo cierto -y realmente triste- es que este hombre está aquí exclusivamente para eso: satisfacer nuestra curiosidad, poner de manifiesto que, después de todo, todos nosotros somos unos simples cotillas ávidos de información; insustancial y trivial información.

lunes, 2 de mayo de 2016

     En el fondo todos somos iguales; todos estamos de acuerdo en que 'los otros' están equivocados.

domingo, 1 de mayo de 2016

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
     Declaración de principios. No; para qué, por qué, por quién. Devenir: para quién; por el futuro, para ti. De mi sangre y mi sudor habéis venido, caminamos -y seguiremos haciéndolo- de la mano, juntos, a un mismo paso. Cuando necesitéis velocidad, prometo salir corriendo; si lloráis de agotamiento, me echaré a un lado de la carretera al tiempo que piso el freno. Esta es mi misión.
     Hombres nerviosos, mujeres frías; incluso esta manía mía de observar y tomar nota parece tener justificación en vosotros: ellos se mueven y nosotros les analizamos; lo sabemos todo de ellos, conocemos cada gesto, estamos listos para abrazarles, sujetar sus cuerpos exhaustos y acariciar sus atribuladas sienes. Somos -podemos serlo- una solución para ellos.
     Somos. Podemos serlo. El servicio es tan bello... Seamos.