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domingo, 31 de enero de 2021

 

EL IMPERIAL

Yo no miento, ni trampeo; a mí no me gusta jugar a dobles juegos ni creerme por encima del bien y el mal. Tampoco me termina de convencer el término 'outsider'; como si la responsabilidad de lo que pasa a mi alrededor no fuese conmigo, como si el mundo no fuera cosa que a mí me atañese: ni responsable del pasado ni involucrado en vuestro futuro.

* * *

"El descontento es el primer paso en el progreso de un hombre o una nación". Oscar Wilde

* * *

Y entonces, ¿qué soy yo, señor Dicks? Tal parece que un águila imperial; solitaria y triste, aunque lo suficientemente orgullosa como para pedir perdón y corregir mi programa de vuelo o para reconocer que quizá, de vez en cuando, puede que incluso yo me equivoque. Porque, al fin y al cabo, yo no soy más que otra criatura del buen Dios sujeta al libre albedrío, dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de prosperar. A toda costa.


domingo, 28 de julio de 2019


He vuelto a colapsar, otra vez. Me he quedado bloqueado, incapaz de decidir sin gritar -qué orgullo-, viéndome arrojado otra vez al camino que conforma el maldito círculo del que no parece que haya sido capaz de escapar en estos dos últimos años.
De vez en cuando puede ser normal, no es necesario u obligatorio sentirse impotente, culpable o fracasado. Pero eso no quiere decir que no joda; la incapacidad de decidir, la dificultad para ver más allá del problema, el bloqueo tanto físico como mental..., todo mi ser abandonado mientras una voz en lo más profundo de mi cabeza repite "no, otra vez no".

martes, 16 de julio de 2019


Ningún ignorante puede ser tan peligroso como un hombre instruido; éste será capaz de manipular la información de que dispone en su beneficio, siempre en busca de retorcer opiniones, doblegar voluntades y remover sentimientos.

domingo, 7 de julio de 2019


Decidió hinchar todos sus presupuestos, para joder; para joder a todos los capullos engreídos que se creen demasiado listos para aceptar las normas de cualquier marco legal, moral o social.
Todo empezó cuando cayó en la cuenta de la cantidad de clientes que le pedían presupuesto para dejar de limpiar su negocio y que, en lugar de contratarle, terminaban 'incorporando' en su plantilla a una chica joven, morenita (= inmigrante en lenguaje políticamente más adecuado), más bien calladita y muy madrugadora. Algo olía mal, lo tenía claro; así que cuando alguien le preguntaba por un servicio, él añadía a todos sus cálculos 200 euros.
Por ejemplo: servicio de limpieza cada mañana, antes de abrir, de una cafetería con cierta actividad nocturna; 400 € + 200 = 600€.
Cuando esto pasaba, nadie le aceptaba el presupuesto, lógicamente (se había escapado del mercado), pero confiaba en que, a la pobre chica ilegal a la que le ofrecían el trabajo, no le pagasen menos de 300 o 320 euros bajo manga, que en el fondo es lo que le hubiese supuesto a él mismo tenerla, legalmente, en plantilla. De alguna forma sentía que así equilibraba la balanza, hacía un poco de justicia.
Inflaba, hinchaba, engordaba... y sonreía. Tal vez había renunciado a ganar unos cuantos cuartos apretando a sus empleados pero, si de algo estaba seguro, es de que así era feliz.

jueves, 4 de julio de 2019


¿Cómo se joden las cosas? La verdad es que, en eso de mandar una incipiente vida a la mierda, no hay épica alguna: las cosas se joden de la manera más tonta.
Por ejemplo: una chiquilla comentándoles a sus padres que quiere ser enfermera, ayudar a los demás; y un gilipollas que contesta que las enfermeras son las secretarias de los médicos y que, así, sólo puede aspirar a ayudar a algún buen médico, como mucho.
Jacobus Stolz convivía con una persona triste disfrazada de alegría absoluta, con un volcán emocional, una mujer frustrada, distraída, deprimida e incapaz de reconocer en sus raptores la fuente de toda su infelicidad.
Hablo de 'raptores' porque, cuando les conocí -a Jacobus y a ella-, solía contar historias de intentos de fuga y escapadas nocturnas para transgredir alguna directriz injusta. El caso es que acabaron minando su voluntad, y lo hicieron inculcándole, a la vez, un terrible sentimiento de perpetua deuda de sangre. Así que se fue marchitando, sin darse cuenta, si querer reconocerlo.
Por todo ello Jacobus les odia, con todas y cada una de sus células; les odia por destrozar un bello, hermoso, ángel de Dios. Y les odia más aún por hacerlo en nombre del Señor.
Pero, por mucho que Stolz entienda, por mucho que empatice y comprenda, la realidad, su realidad, es que se ha quedado solo: solo con un enemigo abúlico y agresivo, solo sin más herramientas que un detonador conectado a un cinturón de explosivos que no recuerda si se ha puesto esta mañana o, por el contrario, le ha dejado a ella antes de salir de casa.

domingo, 30 de junio de 2019

El hombre de acero ya no puede volar. No tiene ningún problema físico, pero por dentro está roto; se siente como si alguien le hubiese dado a beber una infusión de kriptonita maldita y ahora, triste y cabizbajo, no tiene muchas ganas de salir fuera del cómodo apartamento de Clark Kent para revolotear entre las negras nubes de Metrópolis y rescatar a algún capullo en apuros.
Que les jodan con sus gilipolleces, piensa él, y acto seguido se sirve otro bourbon mientras repite frente al reflejo que de su imagen le devuelve una vitrina llena de figuritas de cristal, que no puede volar: cómo voy a poder si ni ganas tengo de intentarlo.

***

Porque, si querer es poder, no tener la menor intención debe de ser el imposible absoluto.

jueves, 29 de diciembre de 2016

¿DE MILAGRO?
     La supervivencia, ese concepto que nos habla de la vida más allá de las condiciones adversas o después de determinados acontecimientos relevantes; es normal que uno tienda a pensar que se trata de un término con macro-pretensiones, algo así como la supervivencia de la especie a pesar de algunos de sus más insignes especímenes, pero lo cierto es que la supervivencia individual, lo que vendría a ser una micro-supervivencia, tampoco debe ser desechada como objeto de estudio.
     Para mí resulta un completo misterio la increíble sostenibilidad que ha alcanzado nuestra sociedad a pesar de haber perdido por completo el sentido de supervivencia personal. Como es lógico, este tipo de planteamientos, estas cuestiones y su desarrollo, se ven más claramente cuando son ilustradas a través de ejemplos simples, reconocibles y que, por lo tanto, todos podemos identificar con la experiencia propia. Procederé pues.
     Yo tengo un par de vecinos: una señora mayor francamente desagradable, metomentodo, sabihonda y autoritaria, que está casada, Dios los cría..., con un abuelito sucio, quejica, borde y completo desconocedor del jabón. Tendrán unos setenta y pocos; a juzgar por sus andares pesados y sus movimientos desacompasados, ni sus caderas pueden dar mucho más de sí ya ni sus huesos en general están en su mejor momento. Vamos, que de precisar salir corriendo, o protegerse con sus propias manos valiéndose de sus escasas fuerzas, de un agresor furibundo, lo llevarían claro. Aún así la una ordena, avasalla y discute todo lo discutible -lo demás, también- con la premisa de llevar razón 'por ser vieja', y el otro bromea sin pudor ni respeto con cuestiones ajenas que debieran ser intocables. Tal actitud les pone, a mi entender, en lo que podría ser un punto de mira improvisado por cualquiera de sus vecinos; yo mismo, sin ir más lejos, en más de una ocasión he sentido el casi incontrolable arrebato homicida de lanzarme a por ellos con el puño bien cerrado y partirles la cara. Así, como suena.
     ¿Cuántos como ellos moran nuestras ciudades? Octogenarios impertinentes, minusválidos maleducados, discapacitados engreídos; simplemente siguen vivos por una sencilla cuestión que va más allá de la suerte que ahora mismo todos ustedes tienen en la punta de la lengua, y ésta es la corrección política. Ni uno sólo se quedaría intacto de no ser porque socialmente está mal visto abusar, especialmente de forma física, de todo aquel que nuestra sociedad presuponga en inferioridad de condiciones, lo que por otra parte no deja de poner en evidencia la hipocresía con que se defiende a cualquier supuesto inferior con independencia de que sus virtudes lo hagan merecedor de tal respeto.
     En definitiva, y resumiendo un poco, muchos de nosotros seguimos vivos a pesar de nuestro empeño en dejar de estarlo. Entenderán ustedes que ahora me despida abruptamente, sin preámbulos ni divagaciones de regalo, pues soy muy consciente que tras lo expuesto más de un lisiado con mal carácter querrá echarme el guante y un servidor, lo que se dice fornido o veloz, a qué engañarnos, no lo es y, cosa curiosa, sigo empeñado en resistir a pesar de mi incapacidad para cerrar la maldita bocaza.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

COSAS IMPORTANTES DE VERDAD
     Hay un tal Cristiano Ronaldo hablando, el semblante muy serio, en el aparato de televisión. El muchacho se sabe -no sólo se cree- tremendamente importante: tiene cuatro balones de oro -que, en caso de ser macizos, deben pesar una barbaridad-.
     Al parecer, en esto de las pelotas doradas, el tipo está empatado con un argentino chaparro y escurridizo que responde al nombre de Lionel Messi.
     Entre los dos suman, ni más ni menos, que ocho pegotazos áuricos. Esto, según deduzco de las primeras noticias de la mañana, es francamente importante; nada que ver con la ya cansina guerra en Siria, el rollazo del debate europeo acerca de los refugiados o la pesada 'operación kilo' recordándonos, otro año más, la obligación de segur siendo un país generoso y solidario.
     Vamos, que no pueden imaginarse cómo me alegro de tener la suerte de poder encender la radio y oír, cuando aún no han dado las siete de la mañana, que el tal Cristiano ha empatado en galones futboleros al tal Lionel. Una suerte vivir en un país como este, lleno de gladiadores, leones y demás fieras, bien cuidadas, bien alimentadas, para la sostenibilidad del tan virtuoso entretenimiento al que sin duda todos nosotros, ciudadanos de bien, tenemos derecho. Circo, toros, fútbol y curias políticas paseando de punta a punta de la nación; cosas importantes de verdad, y nada de estúpidas noticias de carácter humano con las que rellenar espacios de vital trascendencia y, de paso, mortificar y culpabilizar de su buena suerte, debida principalmente a su abnegado saber hacer, a las humildes y laboriosas gentes de éste, nuestro ejemplar y nada banal estado del bienestar.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

RELATIVO
     Qué diferente habría sido todo si yo..., si no fuese una mujer -piensa Elena-; si yo no tuviese esta pálida carita, estos ojos melosos y esta larga melena negra, nadie podría perdonarme. A nadie le importaría que Marta llevase años despreciándome en público, insultándome a diario, maltratándome en la cama; ni las quemaduras de los cigarrillos en los brazos, como castigo a mis osadías, justificarían mi arranque de furia asesina, mi venganza a cuchillo en un arrebato de locura, si yo me llamase, por ejemplo, Manolo. Entonces la prensa hablaría de violencia de género, y no de defensa personal; qué diferentes serían las declaraciones de los vecinos, nada de 'la verdad es que la otra la tenía amedrentada, vivía atemorizada' o 'aunque no deba decirlo, lo cierto es que la chiquilla no podía seguir viviendo así'. Si yo fuera Manolo, todo lo que saldría de las bocas de quienes nos conocían sería el trillado 'nadie lo hubiera dicho, parecían tan normales'. Mis hermanos no iniciarían una campaña en alguna plataforma de recogida de firmas pidiendo mi indulto, porque la verdadera maltratada en esta historia soy yo, sino que apartarían de un manotazo las cámaras negándose a realizar declaraciones al tiempo que se desmarcarían de cualquier vínculo conmigo. Yo no sería una heroína luchadora y liberada; sería un monstruo más, el enésimo en una lista interminable de crueles avasalladores. No faltaría algún amigo, en las noticias de la noche, haciendo muchos aspavientos y gestos con las manos mientras trataba de explicar a los telespectadores lo cruel que resultaba mi agresividad pasiva en cada encuentro que con él habíamos mantenido en los últimos años. Sin duda yo sería, sencillamente, el cabrón del Manolo, otro malnacido más, un asesino sin excusa, una vergüenza y un completo desgraciado.

domingo, 27 de noviembre de 2016

DE LA BUENA EDUCACIÓN
     Nadie contesta al teléfono después de las doce; territorio vedado, lo llaman. Me dicen que tengo que ser comprensivo, que mi lógica es incomprensible y a esas horas sólo los borrachos y los degenerados se acuerdan de sus asuntos pendientes. Yo les pregunto si acaso al resto de la gente le falla la memoria después de cenar, mientras ven películas malas en sus aparatos de televisión, o cuando pelean con el insomnio atrapados en sus edredones nórdicos. Casi nadie se molesta en responderme, me toman por un caso perdido; quien aún muestra algo de paciencia conmigo me explica que, con el cambio de fecha en el calendario, la gente de bien suele hacer borrón y cuenta nueva: las personas normales saben aparcar esas cosas. Descubro así que yo no soy normal, ni gente de bien. Agradezco los servicios prestados, el descubrimiento, y cuelgo. A los pocos minutos vuelvo a echarle mano al aparato y marco de nuevo; qué diablos puedes querer ahora,  me preguntan. Yo, muy circunspecto, respondo: tan solo llamaba porque había olvidado pedir perdón.

jueves, 24 de noviembre de 2016

¿QUIÉN ES QUIÉN?
-Y tú, exactamente, quién eres aquí -le preguntó aquel tipo de aspecto burlón y sonrisa sardónica-.
-¿Cómo que quién soy? -preguntó, inocente como siempre, el bueno de Augustus-.
-Sí hombre -río el otro-; todos somos alguien aquí -e hizo un gesto girando su índice hacia el suelo, como si rodease un diminuto poblado imaginario-.
-¿Alguien?
-Por supuesto, muchacho: 'alguien' -le increpó-. Yo, por ejemplo, soy el tipo que bebe cerveza a todas horas. Eso -añadió visiblemente satisfecho de su don- es lo mío.
-En fin -comenzó Augustus tras unos segundos de vacilación-, en tal caso, supongo que yo soy el tipo que lee y escribe, el deportista empedernido...
-Vaya con el polifacético -intervino el socarrón interlocutor de nuestro amigo-.
-...el amante de la música -siguió él sin percatarse de la interrupción-, el paseante que termina las jornadas delante de una taza de té bien calentito mientras charla con cualquiera que quiera hablar con él...
-¿En serio? -saltó nuevamente el forofo de la cerveza-.
-Claro -respondió, esta vez con aplomo y convicción, Augustus-; soy el tipo empeñado en no parar de vivir mientras viva.

domingo, 13 de noviembre de 2016

     Todos buscando la forma de sobrevivir; desesperadamente, todos, absolutamente todos. Ciertas palabras me obsesionan de una forma compulsiva: absolutamente, absolutamente, absolutamente. Todos, sin descanso, sin respiro; todos buscando la forma de sobrevivir, de resistir, de continuar, de seguir adelante a pesar de todo, a pesar de ellos mismos.

domingo, 14 de agosto de 2016

"Hubo un tiempo en que los hombres cantaban a coro alrededor de una mesa; hoy un hombre canta solo por la absurda razón de que sabe cantar mejor. Si la sociedad continúa por el mismo camino, sólo un hombre reirá porque sabrá reír mejor".
Gillert Keith Chesterton 

jueves, 4 de agosto de 2016

ESPERANZA
     Publirreportajes televisivos. Pretemporada y ronda de contactos. Eventos, inauguraciones, encuentros, citas. Prensa rosa, revistas deportivas y cómics porno-erótico-festivos. Préstamos inmediatos, hipotecas.
     La verdad es que yo me alegro; el nivel de estupidez está a punto de ser absoluto, lo que nos llevará, en breve, a reaccionar; aunque sólo sea por una simple cuestión de supervivencia. Son los puntos sin retorno aquellos que con mayor fuerza nos pueden propulsar al cambio.

martes, 2 de agosto de 2016

RECUERDOS DE SAN PETESBURGO
     Y la vida de Raskolnikov pasó: volvió de Siberia y cantó, bebió, amó, como nunca antes lo había hecho, exactamente igual que siempre.

miércoles, 27 de julio de 2016

BE CAREFUL
     Familias felices; al menos lo parecen, todas ellas: los hombres vestidos con trajes de colores llamativos, estrambóticos zapatos y corbatas imposibles; ellas con mucho, muchísimo maquillaje, arreglos aquí y allá, "hoy he sido la primera en la pelu", tocados ilógicos y tacones por los que cualquier fisioterapeuta mínimamente cualificado perdería la cabeza. ¿Qué decir de los niños? Más caramelo en las manos que en la boca, barro bajo las uñas rotas, el pelo alborotado en un último remanso de libertad real, los pantalones perfectamente planchados.
     Lo intenté por tercera vez. No fue la definitiva; aunque eso ya lo tenía claro mucho antes de empezar. Las gafas de sol perfectamente desalineadas con mi rostro me protegen de las múltiples posibilidades de mí mismo. Apenas pienso, o al menos intento pensar exclusivamente en no-pensar, y a pesar de ello, existo y resisto; pido otra cerveza y admito o asumo que esto no va a ir a mejor.
     Por supuesto, después de esta tercera hubo una cuarta, una quinta y muchas más, intentonas todas ellas infructuosas, todas igual: tropezón y a rodar; a veces cuesta abajo, otras, sorprendentemente y contra todo pronóstico, hacia arriba. El hombre medio suele necesitar un par de horas para poder entrar en materia con alguna posibilidad de éxito; yo he conseguido alcanzar la activación inmediata a base de escasez total de tiempo y necesidad extrema de profundidad real. Podría, por ejemplo, estar escribiendo estas líneas mientras las familias felices me rodean, con sus alegrías absolutas y sus problemas sin remordimiento; podría escupir estas palabras al tiempo que uno de ellos, cualquiera, me cuenta sus planes para hacerse con el control total del gobierno después de lanzarle una OPA hostil a una mega-macro-corporación, no sin antes conseguir enchufar a uno de sus hijos en la guardería más elitista del barrio. Yo mientras tanto, claro está, sonreiría y asentiría; no fuera a ser que alguien descubriese que no me siento parte de este feliz mundo plástico ideal.

sábado, 23 de julio de 2016

A PESAR DE LA DEMOCRACIA
     ¿Quién tiene ganas de pensar hoy, ahora? Vayan terminando, es tarde; haga usted el favor de callarse, policía, desalojen la sala.
     Vienen: buenos días, ¿aquí? ¿Será? Piensas un rato, le echas un vistazo a la papeleta, a la tarjeta censal, al DNI; terminas concluyendo que sí, aquí es, o no, mire, es ahí al fondo, en la mesa de la derecha, no, esa no, la otra. En la mesa de la izquierda tres cuarentones saltan en sus sillas y rugen con voces socarronas; al parecer se acerca otra joven con cintura de abeja y larga melena ondeante. Hay momentos en los que uno piensa que serían capaces de atacarla ahí mismo, en medio de la sala, bajo la atenta mirada de interventores y electores, como genuinos depredadores dando cuenta de su trofeo.
     De vez en cuando se deja caer por aquí uno de los pululantes: seres danzarines, aburridos, que, acreditación en mano, se empeñan en dirigir el tráfico, en organizar el trabajo del voluntario impuesto. Aparecen por la izquierda, toquetean todo lo que pueden por detrás y después, mutis por el foro a la derecha. Un tipo desequilibrado, alguien real y profundamente perturbado, todo un loco, no dudaría en cargar contra todos ellos y liquidarlos. Imagino que nadie se lo reprocharía hoy; no aquí.
     Votantes indecisos lanzando monedas al aire; recuerdo haber oído en mi tierna infancia como una señorona justificaba su voto, su democrática decisión, con el corte de pelo de cierto líder político y lo bien que le quedaba el flequillo. Soñadores, cosa lógica a los veinte, una envidia a los setenta; tarambanas a los treinta, cuarenta, cincuenta... Todos los votos valen lo mismo, esa es la premisa; igual, que diría mi hija de dos años. Aunque lo cierto es que todo terminará dependiendo de en qué ciudad esté uno empadronado.
     Al final llegan las carreras, los números, las cuentas. Ábaco y calculadora. A mí me viene a la cabeza un cliente que lleva tres meses sin fondos en la cuenta en que tiene domiciliados los pagos de mis servicios. Tal vez no tenga nada qué ver con todo esto del proceso electoral, pero es lo que hay: de momento mi cabeza, y en especial sus mecanismos y resortes automáticos, todo ello sigue siendo autónomo. No ocurre lo mismo con los vocales nerviosos; los interventores pasivos hasta hace media hora se tornan sutiles prestidigitadores; los policías, aliados con los empleados de correos, quieren irse a casa ya. Yo también, coño, y suelto el taco bien alto; que todo el mundo me oiga, que yo también puedo ser 'tycpical spanish'. Así que venga, decidamos; contamos por cuarta vez o apuntamos un par de votos nulos más.
     Quien esté libre de pecado... y a mí me entran ganas de ponerme en pie, robarle una porra a un agente del orden y, cual ángel vengador, liberar a todos mis congéneres de esta tortura, poner fin a esta aberración que pretendemos justificar ahora, dieciséis horas más tarde de haber comenzado, a cualquier precio, cueste lo que cueste, a pesar de la Democracia.

lunes, 27 de junio de 2016

     Está sentado delante de la farmacia; el último hombre del planeta, con su guitarra cargada y a punto de cometer un crimen final con el que despedirse por todo lo alto de su afición heredada, está preparado para la acción: si tú quieres yo salto -grita-, si me lo ordenas me desmayo -susurra-, si lo pides así te mato -sentencia-.
     El siglo XXI está, estaba ya antes de comenzar, saturado, cargado de héroes sin villano; antes o después todos los buenos, cargados de balas y adrenalina, terminarían por parecer malos. Todo es cuestión del punto de vista; tan sencillo, tan breve. Como dar de comer a un pez en un acuario desierto: mientras lo hagas vivirá, si lo abandonas está sentenciado.
     Yo no soy el único dueño de mi destino. Demos gracias por ello.