miércoles, 17 de octubre de 2012


Tú, que me amas, incondicionalmente y
a pesar de todo, porque
yo te odio con dulzura, en silencio,
eres incapaz de apartar la vista
del crimen atroz que estas manos,
culpables, llevan a cabo.
Después tú me odias y yo te amo;
la locura siempre ha sido así
de incongruente, cruel y matemática.
Yo ya sé como acabará todo esto;
tú olvidarás haber visto sangre
manchando mis cuadernos de cartoné,
yo en cambio, no podré.
Ahora tú me amas, …y yo me odio.

“Acabo de recordar que una vez tuve dieciséis años; perdón papá”.
Israel Lozano

martes, 16 de octubre de 2012


“Para Raskólnikov empezó entonces una extraña época; parecía como si una bruma se hubiese levantado de pronto ante él, envolviéndolo en una soledad irrespirable y densa. Al evocar después aquel tiempo, mucho después, hubo de comprender que había tenido como obnubilada la conciencia, y que tal estado prolongose, con leves intervalos, hasta que sobrevino la definitiva catástrofe”.
Fiodor M. Dostoyevski de su obra ‘CRIMEN Y CASTIGO’ (1866)

jueves, 11 de octubre de 2012


ADMINISTRACIÓN LOCAL
        Curioso tiempo el que vivimos. Resulta que el ayuntamiento de Oviedo organiza un concurso o una convocatoria o algo por el estilo, a fin de diseñar un nuevo logotipo que habrá de sustituir al clásico escudo de la ciudad. Al cabo de un tiempo Oviedo tiene nuevo emblema –bastante simple y más bien cutre, por cierto-, así que, en estos días de pan y agua racionados gracias a la ya casi eterna ‘crisis’, el ayuntamiento se gasta cierta cantidad de dinero –mejor no preguntar, bendita ignorancia- en sustituir las viejas pegatinas de autobuses y rótulos de paneles publicitarios, que se encuentran en perfecto estado, por las nuevas que, en mi opinión y en la de la práctica totalidad de la ciudadanía, son absolutamente innecesarias.
        Y yo me pregunto, ¿cuánto deberemos recortar ahora del servicio municipal de limpieza, o jardinería, por ejemplo, para imprimir nuevos sobres y folios oficiales y echar los antiguos al contenedor de reciclaje de papel y cartón?

viernes, 5 de octubre de 2012


“Para ser honesto con los demás, antes tienes que serlo contigo mismo”.
Antonio Lozano II

lunes, 1 de octubre de 2012


RESPONSO PARA UN VIVO
        El vino empieza a hacer su trabajo; después de un par de copas me siento ebrio, anestesiado, indolente. A través de los altavoces del giradiscos, la voz de Johnny me cuenta una historia que no me resulta desconocida.

        “Me he herido a mí mismo hoy
        para ver si aún soy capaz de sentir”.

        Sentado, con la mente en blanco y las manos al volante, conduzco por una carretera sin rumbo ni destino. Las imágenes que atesoro en mi memoria se suceden a toda velocidad, como si de fotografías colgadas en postes de luz, a ambos lados de una vía de tren por la que una locomotora sin control me lleva hacia la siguiente meta volante, se tratase. Ante ellas, me siento incapaz de pronunciar palabra; el silencio es absoluto, el vacío incontestable.

        “¿En qué me he convertido,
        mi dulce amigo?”.

        Me detengo en algún lugar de mi pasado.

        “Llevo esta corona de espinas,
        me siento en mi trono de mentiroso”.

        Poco importa si esto es una confesión o producto de mi fértil imaginación; el hecho es que estoy gritando sin abrir la boca, mientras trato de convencerme a mi mismo de que no necesito ayuda.

        “Si pudiera empezar de nuevo,
        a un millón de millas de aquí,
        …encontraría la manera”.


Dijo que volvería,
lo que quiere decir
        que se fue.

Pasaron varias noches,
y supongo
que también varios días.
Era tarde,
un lunes a las cinco y cuarenta y ocho
de una calurosa madrugada
al final del invierno, creo,
cuando se encendió,
tenue,
una luz furtiva
que atravesaba el umbral de los sueños
por un resquicio de la puerta;
finalmente volvió.

5C80001080000000008666123O19;
combinación perfecta
        frustrada.

Al parecer,
según dedujo mi enrevesada entendedora,
no todo había salido tan bien
-ni tan rápido-
como le habían asegurado, iría,
todos esos valiente a los que había preguntado.
Fue todo un año
hasta llegar al final de la nacional 634,
y por el camino
no consiguió ver ningún piano blanco,
ni negro, ni gris, la verdad,
y terminó
una tarde de septiembre,
mientras se ponía el sol,
por darse cuenta
de que unas terribles ganas de llorar
se habían instalado en lo más profundo
de su corazón.

Y lo sé, lo sé…,
lo sé;
¿lo sabes tú también?

Gélido, roto, loco, atormentado…;
son tantas las posibilidades
        de Lucifer,
y sólo una hace falta
para una mujer.
Volvió porque…,
creo que ni él ni yo lo sabemos
y creo, imagino, intuyo,
que nunca nadie lo sabrá.
Volvió y punto;
volvió
y alguien sonrió.