Dijo que volvería,
lo que quiere decir
que se fue.
Pasaron varias noches,
y supongo
que también varios días.
Era tarde,
un lunes a las cinco
y cuarenta y ocho
de una calurosa
madrugada
al final del
invierno, creo,
cuando se encendió,
tenue,
una luz furtiva
que atravesaba el
umbral de los sueños
por un resquicio de
la puerta;
finalmente volvió.
5C80001080000000008666123O19;
combinación perfecta
frustrada.
Al parecer,
según dedujo mi
enrevesada entendedora,
no todo había salido
tan bien
-ni tan rápido-
como le habían
asegurado, iría,
todos esos valiente a
los que había preguntado.
Fue todo un año
hasta llegar al final
de la nacional 634,
y por el camino
no consiguió ver ningún
piano blanco,
ni negro, ni gris, la
verdad,
y terminó
una tarde de
septiembre,
mientras se ponía el
sol,
por darse cuenta
de que unas terribles
ganas de llorar
se habían instalado
en lo más profundo
de su corazón.
Y lo sé, lo sé…,
lo sé;
¿lo sabes tú también?
Gélido, roto, loco,
atormentado…;
son tantas las
posibilidades
de Lucifer,
y sólo una hace falta
para una mujer.
Volvió porque…,
creo que ni él ni yo
lo sabemos
y creo, imagino,
intuyo,
que nunca nadie lo
sabrá.
Volvió y punto;
volvió
y alguien sonrió.