lunes, 17 de diciembre de 2012


“Sentí en mi interior, que algo vago e indefinido se desplegaba: una empalizada, los palos de una tienda de campaña, un paraguas al abrirse… Temí no ser capaz de ponerme de pie nunca más.”.
Herman Koch de su novela ‘LA CENA’ (2009)

sábado, 15 de diciembre de 2012


        Olvídalo muchacho, jamás escribirás una novela con la que sorprendas a media humanidad; eso ya lo hizo Salinger hace algún tiempo y, antes que él, lo hicieron –e incluso podría decirse que siguen haciéndolo hoy en día- Dostoyevski y Tolstoi, Huxley y Bradbury. Por mucho que lo intentases, no podrías volver a escribir ‘Nosotros’, no serías capaz de abrir tantas bocas como hizo Zamiatin hace casi un siglo.
        No pienses que serás capaz de componer ninguna pieza que emocione como lo hacían las obras de Tchaikovsky o Strauss –padre o hijo, me da igual-. Se necesitan más de cien años para encontrarse con un nuevo Ludovico Einaudi, y a éste, le queda cuerda para rato.
        Destierra toda esperanza de dejar una huella imborrable, como Jimmy Page, Johnny Cash, John Lee Hooker, Jimi Hendrix, Bob Dylan o Duke Ellington. No queda espacio en el que plasmar ni una sola impronta más.
        Picasso, El Bosco, Kandinsky, Goya, Rembrandt, Monet, El Greco, Basquiat, Tiziano, Velázquez, Renoir y Munch ya exploraron todo lo explorable, e incluso más, mucho más lejos de cualquier límite posible. ¿En serio crees que puedes sacarte algún truco de la manga que aún no hayamos visto?
        ¿Vas a convertirte en el nuevo Platón? Al fin y al cabo eso no sería más que ser una nueva revisión del viejo Platón. ¿Sabes? Ni siquiera Paul Auster sigue siendo el mismo Paul Auster que se dio a conocer al mundo entero a principios de los 80; él mismo asegura que es posible que lo mejor que ha escrito en toda su vida son sus primeros poemas que, por cierto, no le dieron fama alguna.
        Thoreau, Hesse, Unamuno o Hemingway estuvieron estrujándose los sesos antes, así que, dime ¿qué diablos tienes tú de especial?

miércoles, 12 de diciembre de 2012


DIARIO DE UN LIMPIACRISTALES
        El despertador suena a eso de las seis menos cuarto de la mañana. Digo ‘a eso’ porque soy consciente de que no está en hora; de hecho sé que se encuentra adelantado entre cuatro y siete minutos. Es más, lo cierto es que rara vez llega a sonar pues, gracias a mi despertador biológico, suelo despertarme unos minutos antes de la hora indicada.
        En los meses de primavera y verano este horario no supone un problema en si mismo, en invierno la cosa es diferente; salir de casas a oscuras, cuando aún no ha amanecido, y volver en las mismas condiciones, no es agradable, nada agradable. Que tus manos se congelen hasta el punto de que uno de tus dedos se disloque por un golpe fortuito, sin que te percates de ello, o que tu piel se cuartee hasta que en tus manos se abran llagas y sangres, no resulta gratificante en absoluto. No termino de creerme que, en estos términos, el trabajo dignifique; me niego a ello.
        De cuando en cuando te entran ganas de pisarle la cabeza a alguno de esos imbéciles que se empeñan en convencerte de que, y de hecho parecen creérselo ellos mismos, te entienden a la perfección –sí, claro; sin duda alguna, estoy seguro de que tu sufres el frío tanto como yo mientras te sientas en tu puñetero sillón de polipiel al lado de ese maravilloso radiador ‘DeLonghi’ que te compraste por cincuenta euros en las rebajas del año pasado-.

viernes, 7 de diciembre de 2012


“Me fastidiaba menos la perspectiva de morirme que la idea de que habría desperdiciado mi vida, si me moría”.
Sam Savage de su novela ‘EL LAMENTO DEL PEREZOSO’ (2009)

miércoles, 5 de diciembre de 2012


DIOS NO ESTÁ AQUÍ HOY
        Cuarenta y pico millones de bombillas de bajo consumo encendidas a la vez, vistiendo con su hipnótico  fulgor varias decenas de miles de arbolitos adornados de tan luminosa forma en honor y para regocijo de nuestro Señor.
        ¿En serio; de nuestro Señor Dios? ¿Varios miles de millones de euros invertidos en decorar todo un país que ve como el número de parados y pensionistas registrados, se acerca peligrosamente al de trabajadores que aportan algo a la Seguridad Social; para ofrecérselo a la memoria del Sumo Hacedor, aquel que vino al mundo hecho hombre naciendo en un pesebre, el mismo que solía rodearse de pecadores, prostitutas y pobres mientras recorría caminos de arena vistiendo una humilde túnica y un par de alpargatas?
        Dios no está en ninguna de esas malditas lucecitas que tanto nos gusta observar durante el mes y pico que duran el Adviento y la Navidad; por cierto, ¿sabéis que las luces se encienden porque estamos en Adviento, no?
        Dios no se dedica a frecuentar ninguno de los belenes que ocupan las plazas de algunas ciudades y pueblos; yo creo que prefiere pasearse por los asilos que casi no reciben visitas, por los orfanatos que se encuentran tan olvidados del Estado como lo están sus moradores de sus progenitores, por las salas de espera de los hospitales en los que algunas mujeres lloran mientras esperan una respuesta y ciertos hombres pasean intentando adivinar una solución para sus preguntas. Algo me dice que a Dios no le hace demasiada gracia que le agasajen ciertas personas que están pensando en ofrecerle un par de llamativas luces azules y, acto seguido, correr a comprarse un nuevo juego de palos de golf que envolverán y dejarán tres días más tarde bajo un árbol de plástico, junto a otros regalos, a la vista de sus hijos de cinco y siete años.
        Aún a riesgo de que terminen por excomulgarme, yo diría que Dios no está en la opulencia de ninguna de las catedrales que en su nombre, en su sagrado nombre, hemos levantado sus hijos y en las que celebraremos, en breve, su nacimiento a través de una ‘Misa del Gallo’, a la que asistiremos tras habernos cebado bien a gustito.

martes, 4 de diciembre de 2012


MEA CULPA
          -No; no es así, no me has entendido.
        -Es cierto, lo siento. Hay días en que me cuesta seguir la lógica de los demás. Por cierto, al final ¿comprendiste aquellos escritos que te pasé el otro día?
        -Pues no, la verdad. En absoluto.
        -Vaya; perdóname. A veces no sé explicarme.

domingo, 2 de diciembre de 2012


        Así debe ser, debería estar escrito que así sea. Compartir y nada más. La mayor muestra de amor concebible es, sin duda que tenga lugar, la entrega incondicional, el volcado personal sin respuesta predeterminada que esperar. De eso se trata, de dar dándose; tal y como definió el amor cierto filósofo cuyo nombre no consigo recordar.
        Eso es, eso debe ser, una velada literaria, musical, cinéfila, incluso multidisciplinar; varias mentes explorándose a través de la exteriorización de los diferentes procesos introspectivos a los que algunas manifestaciones culturales les han llevado.
        Emoción en estado puro. Dos tipos debaten acaloradamente a la luz de una vela acerca de las ideas de un tal Epicuro; a su lado un joven baila, emocionado, sobre una gran mesa llena de manuscritos, al ritmo de una pieza de Kris Kristofferson que ha hecho que un cuarto aprendiz de escritor, oculto en las sombras de un viejo corredor donde ninguna ventana conserva sus cristales intactos, rompa a llorar recordando algo que en pocos minutos volverá a olvidar.
        Tres, cuatro, diez horas más tarde, todos se fundirán en un abrazo y los cuatro, los quince o los dos, seguirán siendo dos, quince o dos, pero más grandes, más completos, …un poquito más cerca de aquellos hombres que les gustaría ser.
ALGO BUENO QUE CONTAR
        Bah, en el fondo esto no es más que algo que yo mismo necesito, otra exteriorización imperiosa del grandísimo corazón que albergo en mi interior, la enésima muestra de mi inalcanzable amor; “te quiero, os quiero, tanto… Dejadme amaros tanto como creéis que os amo”.
        Al fin y al cabo, no he llegado hasta aquí sólo por mí.