jueves, 9 de mayo de 2013


     Yo no soy así; no como el típico vecino de toda la vida que conoce los 'chascarrillos' habituales de la zona en la que siempre ha vivido. Más bien soy un apátrida, ignoro las viejas leyendas que tienen su origen en la cuna de mi apellido; soy un hombre sin raíces, un ciudadano del mundo incapaz de conmoverse más por lo que sucede en el salón de su casa, que por las tragedias que se desarrollan en la otra punta del mundo, lejos, muy lejos del lugar donde estoy ahora, aunque quizá allí sea donde despierte mañana.

Así fue cómo sucedió,
como ocurren todas las cosas
que nacieron escritas;
ninguno de los dos estaba preparado y,
aún así, nada pudimos hacer.
No hacía ningún frío
aquella inesperada noche de diciembre,
sobraban las chaquetas y
las estúpidas palabras que
tantas veces nos atrapan,
estaban también de más.
Hubo un par de miradas
-primero, creo, fui yo quien,
como un engreído seguro de sí mismo,
te guiñó un ojo;
después te pesqué atisbándome
y sonreíste con picardía-,
más tarde llegaron
los dedos entrelazados, las manos
confundiéndose bajo la ropa,
...los labios negándose
a la despedida obligada.
Nueve cifras apuntadas a toda prisa y
la vida pasó y todo cambió...,
porque las cosas que no tienen mucho sentido
fueron creadas para ser recicladas
-al menos cada cierto tiempo-.
No hubo vuelta de hoja, no la hay;
y... después de todo,
¿quién quiere que la haya?

martes, 7 de mayo de 2013


HOY ES NOTICIA
     Se conoce que algún zopenco se ha hecho con el poder del mando a distancia del televisor de la cafetería en la que estoy, estaba, hasta hace unos minutos, disfrutando de un café negro como la más oscura de las noches de luna nueva.
     En la pantalla ha aparecido un tipo que asegura ser arquitecto. Según parece, ha debido de pasarse con el 'botox' porque tiene el labio inferior caído e inmóvil y resulta complicado entenderle cuando habla; esto, claro está, es lo que a mi me parece, también podría ser que a simplemente necesite acudir a la consulta de un logopeda. O a la de un psiquiatra, incluso. El sujeto en cuestión, que dice vivir en una casa de mil ochocientos metros cuadrados, asegura que es inhumano y una locura en toda regla, que una familia de tres miembros se vea obligada a vivir en un piso de ochenta metros cuadrados. Incroyable.
     El mismo imbécil será, seguramente, de esos que ven lógico que unos psicólogos sean más caros que otros; "es que es muy bueno, el mejor", así que debería atender los graves traumas que un niñato de cuarenta y pico años presenta tras haber sido malcriado desde la cuna, en cambio, dejemos que los recién salidos de la facultad se ocupen de la atención y apoyo a víctimas de un terremoto en Lorca, o de la explosión de un tren lleno de 'curritos' en Madrid.
     Conozco el caso de un psicólogo, el mejor de toda Parada de Arriba, provincia de Salamanca. El tío es el mejor, de eso no hay duda; es tan bueno que hace poco apareció en un ranking de los psicólogos más caros de España ocupando el primer lugar. Sin embargo, dado el emplazamiento geográfico de Parada de Arriba -amén de sus tarifas-, hace unos quince años que no trata a nadie. En el pueblo se rumorea que algunos vecinos pretenden hacer una colecta y pagarle una sesión a 'La Pepa', una vieja cabra que, inexplicablemente, ha dejado de dar leche.
     Seguiremos informando.

lunes, 6 de mayo de 2013


¡Quémate, amigo mío!
Entra en ebullición y
prende la mecha incandescente
de tu fuego interior;
arde como el ave fénix
justo antes de volver a volar.

sábado, 4 de mayo de 2013


LAS CONSECUENCIAS
     ¿De qué puede servir hablar de las consecuencias; acaso conocerlas, identificarlas, escupirlas e insultarlas puede revertirlas, borrarlas de la historia que ya ha sido escrita y que, por lo tanto, ya debiera comenzar con 'H' mayúscula? ¿Podría tal vez hacerlas desaparecer, a ellas y a los motivos a cuya existencia deben la suya propia? 

viernes, 3 de mayo de 2013


"Noches de insomnio llenas de ideas sin control, días distraídos, tecleando a rachas, con muchos y largos espacios en blanco. A veces le doy a la tecla y pienso, pero lo más frecuente es que piense sin darle a la tecla, en el sillón o en la cama o en un banco del parque".
Sam Savage de su obra CRISTAL (2011)

jueves, 2 de mayo de 2013



     Aitor no debería estar ausente hoy; él me regaló la idea de la utopía, la voz rota en directo, la fuerza cuando más la necesité. Él debería estar aquí para ser padrino de mi primer hijo, para ser testigo de mis vanos intentos por alcanzar la trascendencia, por cambiar algo.
     Aitor debería estar aquí para sonreír conmigo, hemos ganado tronco; puede que lo haga -sonreír por mí-, que lo esté haciendo en este preciso instante, desde alguna estrella, allá arriba.
     A él le hubiese gustado oír este último disco del Loco, o el de Quique, y eso que no sé si alguna vez llegó a conocerle.
     Aitor debería estar aquí hoy..., y puede que sea así. Tal vez él ande por aquí cada vez que me pongo una americana con pantalones vaqueros, igual que mi abuelo se pasea por los bares que frecuento cuando salgo de casa con corbata y nudo windsor.
     Aitor debe de estar aquí, en algún lugar, por el simple hecho de haberse quedado instalado en mi memoria, escondido entre las páginas de cada cuaderno que escribo, paseándose por mi salón cuando tenemos visita y pongo viejos vinilos de Johnny Cash o Neil Young, sujetándome cuando el vino tinto empieza a hacerme tropezar, como mi abuela acaricia mis cabellos cuando no puedo más y estoy a punto de reventar.
     Aitor anda por aquí, no puedo dudarlo, lo hace siempre que quedamos Aca y yo -y él- delante de un café o una cerveza y nos reímos recordando las estupideces que un día fueron el mejor de los motivos para comenzar una guerra y combatir a los feroces enemigos de la verdad.
     Aitor vive, lo sé, y seguirá vivo mientras me quede sangre caliente revolucionándose por mis venas, buscando respuestas que a nadie más importan, empeñándose en aguantar un poco más, hasta que el sol vuelva a asomar entre las nubes y nos regale, una vez más, la esperanza de su promesa.

     Repartidores chillones, hiperactivos, puede que incluso 'colocados', gritando desde primera hora.
     "Ningún hombre de bien está en la cama a las 10 de la mañana" parece pensar alguno de ellos, así que unos silban, otros canta, algunos hasta gimen onomatopeyas sin sentido; todos haciendo ruido. "Si yo estoy en pie a las 8 -he aquí el peligro del uso indiscriminado de la lógica a toda costa-, todos deberían de estarlo", y venga a gritar y cantar a voces.
     Ahora, seguramente, habrá más de un zoquete que me acusará de cargar contra el pobre e indefenso obrero, de denostar al genuino trabajador español. Esta es mi única defensa posible; no conozco a ningún repartidor que se ponga en pie antes que yo. En serio, jamás he visto a uno por la calle antes de que yo ya lleve una o dos horas trabajando. Pero, olvidémonos de mí -no vaya a ser que ahora alguien me acuse de madrugar en exceso o me tilde de ególatra de mierda-, qué hay de aquellos pobres y genuinos obreros patrios que desempeñan su actividad laboral en el tan denostado turno de noche, esos que llegan a casa -a la suya, para acostarse y descansar, dormir y recuperar fuerzas para volver al tajo a la noche siguiente- a la misma hora, o mejor, quince minutos antes de que el vivaracho repartidor de 'Legumbres la muyerina' se ponga a cantar a grito pelado 'En el pozo María Luisa'.