martes, 14 de enero de 2014

"¡Quiero palabras! Las necesito, en grandes dosis por favor".
Francisco Pantiga

viernes, 10 de enero de 2014

LA DIPLOMACIA
     La diplomacia te lleva a callar cuando oyes a un imbécil soltar estupideces a diestro y siniestro en una fiesta a la que tú también has sido invitado; la diplomacia es la culpable de que un idiota como Artur Mas no pare de soltar gilipolleces en las que realmente no cree, mientras se gasta cantidades indecentes de dinero público en su 'teatro de variedades' -y no hablemos de cuanto le deben a la diplomacia el sosaina de 'ZP' o el frenillo de Marianín-. La diplomacia es la responsable de que un tal Urdangarín y su señora esposa sigan de paseo por el mundo en lugar de cumplir condena por 'hurto salvaje'. Qué decir de Standard and Poor's, Stanley Morgan's y toda esa pandilla de abusones de colegio que se dedican a tocarle las narices sistemáticamente a todos los compañeros de recreo del 'gran hermano'; demos gracias a la diplomacia. La diplomacia no es más que otro de los estúpidos inventos del hombre; ahí tenéis el verdadero problema, el hombre. "Homo homini lupus" escribió Tito Macio Plauto, "el hombre es un lobo para el hombre".
     No entiendo por qué decimos 'ciudadanos' cuando pretendemos referirnos al conjunto de los habitantes de una nación dado que, según la Real Academia Española de la Lengua -la máxima institución en materia de semántica castellana-, 'ciudadano' es aquel que es natural o vecino de una ciudad -singularidad-. Tal vez debiéramos retroceder unos años en el tiempo y hablar de 'paisanos', es decir, de aquellos que son del mismo país, provincia o lugar -comunidad-. Así, podríamos deleitarnos oyendo a un presidente del gobierno español diciendo: "queridos paisanos, es mi deber notificarles...". Sería maravilloso, realmente fraterno, social, colectivo, inclusivo, y no como sucede actualmente. ¿Nadie se ha percatado de que cuando un dirigente se refiere a los ciudadanos de un país como España, está omitiendo aproximadamente a un tercio de la población del mismo? Deberían, todos los hombres y mujeres del campo y la mar de este estado -que son quienes producen los alimentos que nosotros, los ciudadanos, precisamos y consumimos-, salir a los caminos y andar hasta llegar a las calles y, después, mandarnos a todos a la mierda.
     Pero claro, la diplomacia les impide a ellos llevar a cabo la revolución del 'populacho', y a mí me tienta con la idea de borrar estas palabras.

domingo, 5 de enero de 2014

EN TRÁNSITO
     Me llamo Umar Pascual, nací hace cuarenta y dos años en un pueblecito de la Alpujarra; durante toda mi vida he trabajado en el campo. Siempre me ha gustado leer; mis novelas preferidas son aquellas en las que se relatan las peripecias de un viajero cualquiera. Ahora, estoy en una estación de tren, esperando. Hoy el viajero soy yo.
     En estos momentos pasan cuarenta y cinco minutos de  las diez de la mañana; hace veinte que mi tren debería haber salido, lo que quiere decir que no llegaré a tiempo a mi destino.
     Hoy en día a nadie parecen importarle mucho los horarios; la impuntualidad se ha convertido en uso castizo donde los haya, cada vez son menos los que usan reloj y más los que se confían a las cifras digitales de un teléfono móvil que no tarda en quedarse sin batería y termina por apagarse, llegar un poco tarde está considerado 'tener clase' y hacerlo en exceso 'ser rebelde'. Nada de concesiones, ¡eh! Podría darse el caso de que llevase viajando días enteros abrigando la esperanza de llegar a tiempo a la meta, podría ser un hijo al que han llamado para notificarle la inminente muerte de su madre en la otra punta del globo terráqueo, llevaría en movimiento treinta y cinco horas y ahora estaría a sólo cuatro de conseguir despedirme de mi madre; pero un retraso en el último momento y... "lo sentimos señor Pascual, su madre ha fallecido hace apenas diez minutos". Podría ser, y a nadie parece importarle aquí, en esta estúpida estación llena de pasajeros -que no es lo mismo que viajeros- encolerizados más por arrogancia y costumbre que por lógica y propia decisión. Sí, soy el último viajero del mundo civilizado, el bastión que resiste los envites de la irreverencia y la desconsideración institucionalizadas, una roca empeñada en no dejarse llevar por la corriente.
     Me llamo Umar, pero podría llamarme como cualquier otra persona, también como tu padre o tu hermano o tú mismo; podría incluso darse el caso de que yo fuese tú, con tu mismo pelo, tus ojos, tus labios, tu mentón, tus manos y hasta los mismos pelos de tus pies. Lo cierto es que no soy muy distinto de ti, de cualquiera; un tipo en tránsito, esperando en una estación de tren.
"Hay un feo sonido en el viento; puede ser la voz de un hombre o el silbido de una serpiente".
Bruce Bennett (Daniel Boone) en la película 'DANIEL BOONE: JUICIO DE FUEGO' (1956)

viernes, 3 de enero de 2014

INEVITABLE
Mi cuerpo no es más que una máquina; igual que el motor de una puerta automática tiene un número concreto de ciclos pre-asignados antes de detenerse definitivamente, yo tengo un número limitado de latidos preparados para ser consumidos por mi corazón. Cada uno me acerca más al final.

miércoles, 1 de enero de 2014

El nos dijo que destruyéramos todos los becerros de oro. Entonces le convertimos en cordero y tallamos miles de millones de reproducciones de su cara; después Le destruimos.
FOLCLORE ESPAÑOL
     -¿Estás seguro? -me preguntó ella mientras jugueteaba con el último botón abrochado de su blusa de seda-. Ya sabes que después te entrará el lamento y dirás que te he 'emponzoñado'.
     Sonreí, me acerqué un poco más a ella, a su largo cuello, y le susurré en su oído izquierdo:
     -Dame veneno, que quiero morir.