sábado, 15 de marzo de 2014

     Ahora soy Worm; no el Worm de Beckett, perdido, desorientado y lleno de dudas. No, no soy ese Worm, ni ningún otro Worm cualquiera; yo soy Worm, a secas, todos y uno, el único Worm.
     Ahora soy Worm, tendido en el suelo, sin ninguna expectativa ni nada con lo que soñar o entretenerme; hace ya mucho, demasiado tiempo, que perdí los brazos y las piernas, mis ojos ya no me enseñan nada, mis oídos no me susurran palabras vacías, mi boca no reconoce ningún sabor y a mi nariz no llega ningún recuerdo envuelto en un perfume cálido y embriagador. Vivo instalado en la ausencia de emoción, en una especie de 'nada' sentimental. No recuerdo cómo o cuándo empezó todo esto, aunque algo me dice que mi transformación -antes yo no era Worm, sino Jacob Martín, joven escritor con creciente prestigio a punto de abanderar alguna causa digna de elogio- tuvo que ver con el hecho de verme, día tras día, durante varios años, rodeado de apatía, asepsia y... cuál será la palabra adecuada, ¿dejadez?
     Ahora soy Worm; fiel reflejo de la sociedad en que he crecido, ejemplo de una tendencia, el obvio devenir de los últimos dos mil años de historia. Soy Worm, continente de otros como yo, pero distintos, más pequeños, que a su vez contienen a otros como ellos mismos; entre otros, yo.
     Ahora soy Worm, quieto, inmóvil, inmutable; soltando sinónimos y excusas. Soy Worm y seguiré siéndolo durante tres o cuatro eternidades más; después dejaré de serlo. Dejaré de ser Worm y ya no seré nada, nunca más. Dejaré de ser Worm y, sencillamente, dejaré de ser.

viernes, 14 de marzo de 2014



Estimados ciudadanos de un país libre;
     Yo soy el cuarto niño que morirá mañana en Siria; conmigo, si no me fallan las cuentas, serán ya 8.000 los menores de edad fallecidos en esta guerra, esta disputa entre un tirano y sus amigos, unos milicianos desorientados y nerviosos, unos cuantos poderosos apoltronados, algunos aspirantes al título de 'manda-más', varios terroristas oportunistas y unos pocos soñadores ansiosos por conquistar la paz y la libertad.
     Mañana, a estas horas, cuando se cumplan tres años del comienzo 'oficial' -al menos para el resto del planeta- del 'conflicto' que asola mi país, yo ya habré fallecido. Todo será muy rápido, no os preocupéis por mí; un grupo de hombres, pertenecientes a alguna de las facciones beligerantes -ignoro si una de las buenas o de las malas, aunque eso, la verdad, no me importa en absoluto-, entrará en mi casa disparando a bocajarro contra todos los que nos encontramos dentro. Moriremos mis padres, el hermano de mi padre, mi abuela materna, mi hermana pequeña y, por último, yo.
     Desconozco el motivo, la razón que justificará o validará mi muerte, la muerte de un crío de doce años. Lo que sí sé es que mañana estaré muerto antes de la puesta de sol; no será por una cuestión de estadística, ni por darle a algún periódico una cifra redonda con la que abrir en tan significativa fecha. Eso lo sé, igual que sé que 8.000 niños muertos en tres años de guerra civil en Siria, no es nada al lado de los 10.000 que pierden la vida, cada día, en el continente africano a causa de la falta de alimentos. Pero, acerca del motivo de mi asesinato -¿puedo llamarlo así?-, nada, todo lo ignoro.
     Imagino que ustedes, ciudadanos de un país libre, desarrollado y evolucionado -no como el mío- sabrán cual es la razón para que sus ejércitos no intervengan en esta locura y la detengan. Supongo que 8.000 niños muertos no sirven para justificar ninguna intervención; me pregunto qué sirvió para avalar su decisión de entrar en Irak y liberar al oprimido pueblo, o cual fue la razón clave que les convenció de que no era mala idea apoyar a los insurgentes en Libia. Está claro que en esos países la situación debía de ser infinitamente peor a la nuestra, de otra forma no podría entender que aún no se hayan decidido a ayudarnos. Mi padre dice que todo se debe a que aquí, en Siria, no hay nada que les pueda interesar, con lo que puedan hacer negocio, pero yo no creo que los habitantes de un país libre y justo puedan permitir esta masacre si no es por algún buen motivo, y no simplemente porque no sale rentable defender a otros seres humanos; quién podría pensar que ustedes son así.
     En fin, permítanme agradecerles el tiempo que les he robado con éstas, mis últimas palabras; entenderán que, ante la certeza de que mi final se acerca, he sentido la necesidad de compartir mis pensamientos con algunas personas inteligentes, con gente de bien, no como las bestias que moran por aquí. Se despide, desde este pequeño lugar del mundo, para siempre, su amigo Samir.

martes, 11 de marzo de 2014

     La periodista invitada a la tertulia matutina comenta que "es una pena que hayan fallecido quince inmigrantes". Lo dice con calma, tranquila, con la asepsia propia de esa estúpida palabra, inmigrante.
     Lo jodido, lo que me hace vomitar, es que los muertos sean inmigrantes y no, sencillamente, personas.

domingo, 9 de marzo de 2014

TRES HORAS DE CONSENSO


     Ellos hablando y hablando, sin parar, soltando todo tipo de sandeces con las que pretenden convencerse a sí mismos más que engañar a nadie, y tú pensando "bueno, vale", tú diciendo "correcto, de acuerdo"; tú, en silencio.

viernes, 7 de marzo de 2014

EXPERTOS DE INCÓGNITO
     Han llamado a un montón de expertos en un programa de televisión; casi todos se han presentado diciendo "soy profesor de física avanzada en la Universidad de Yale" o "soy filólogo experto en cuatro diferentes dialectos de no sé qué lengua defenestrada" o "soy international financial consultant y poseo ciento quince MBAs".
     Cuando el programa ha terminado, he sentido una brutal necesidad de echarle mano al teléfono, llamar a la emisora y rogarles que volviesen a contactar con todos aquellos expertos tan listos y les preguntasen sus nombres; me he quedado con las ganas de saber quiénes eran y no sólo lo que son.

jueves, 6 de marzo de 2014

"Le parecía que entre su persona y los demás existía un vacío, una distancia más grande y tenebrosa que la que mediaba de estrella a estrella. Hablaban, pero él no entendía su lenguaje".
Antonio Rabinad de su obra 'LOS CONTACTOS FURTIVOS' (1956)
¿POR QUÉ?

sábado, 1 de marzo de 2014

LA PATERNIDAD
     La paternidad lo cambia todo, incluso la cara que veo cuando me miro en el espejo.
     Un regalo por descubrir, muy despacio, con paciencia, poco a poco. Ahora somos una familia, tres novatos; una pequeña debutante en un nuevo mundo y un par de aprendices asustados. Hay tanto por descubrir...
     Yo siempre he sido un tipo muy ocupado, milimétricamente organizado; papá tiene que escribirle una carta a un agente literario, papá tiene que actualizar un par de artículos de su blog, papá tiene que ir a comprar unas pilas y una bombilla de bajo consumo, papá tiene que regar las plantas de la ventana del salón, papá tiene que preparar un presupuesto para un cliente, papá tiene que llamar por teléfono a un montón de gente con la que tiene que hablar, papá tiene que limpiar sus zapatos, papá tiene que pasar el aspirador, papá tiene que arreglar no sé qué que se ha roto. Pero, sabes qué, a papá todo eso le da igual; lo único que le apetece a papá es sentarse contigo en el regazo y observarte con calma, con todo el tiempo del mundo.
     La paternidad lo cambia todo. Desde hace una semana -mi hija nació hace exactamente siete días y once horas-, siempre que estoy fuera de casa, lejos de mi mujer y nuestra hija, todo en lo que puedo pensar es en volver y abrazarlas a ambas, reunificar una vez más a esta pequeña familia que hoy representa el más grande de los mundos para mí. Ahora, todo tiene otro color; el que le otorga este nuevo prisma desde el que todo lo observo. Salgo a trabajar porque, como un lobo alfa, mi deber es proveer a mi manada de cuanto puedan precisar, cumplo mis obligaciones con devoción y alegría, pues sé que con ellas siembro el camino que más tarde mi pequeña recorrerá, y espero que cuando lo haga, éste se encuentre lleno de hermosas flores y no de baches y barro. Incluso estas palabras; nunca antes fueron tan necesarias. Por una parte son el testimonio, disponible para ella desde hoy mismo y ya para siempre, de mi amor por ella, pero además, son el anhelo de que su inspiración trascienda estas páginas y le diga al mundo entero cuán fácil es ser feliz, sentirse pleno, completo... simplemente con una sonrisa compartida por un par de padres novatos y una debutante que aún no sabe nada de ese mundo que la espera ahí fuera.
     Sí, es cierto, la paternidad lo cambia todo; a papá ya no le duele la espalda, ni le molesta ese pitido que desde hace unos días ya no siente en la cabeza, a papá no han vuelto a darle calambres en la pierna derecha, y hasta parece que al fin ha aprendido a no cortarse cuando se afeita. Papá está aprendiendo a tomarse las cosas con calma, a darle tiempo al tiempo, a tener fría la cabeza, a escuchar con paciencia, a mirar con los ojos bien abiertos; papá está aprendiendo a ser papá, papá ha descubierto otra forma de sonreír.