FRÍO
domingo, 15 de febrero de 2015
sábado, 14 de febrero de 2015
jueves, 12 de febrero de 2015
domingo, 8 de febrero de 2015
viernes, 6 de febrero de 2015
HOPE (o EL PODER DEL ESCRITOR)
Creció dando tumbos, cada vez más lejos del
lugar en el que había nacido, gracias al trabajo de su padre como analista de
sistemas para el ejército; estaba acostumbrada al movimiento, así que, cuando
cumplió los dieciocho, miró al viejo mapamundi que colgaba en la pared del
despacho de su padre, de todos los despachos que su padre había tenido, y
eligió uno de los pocos países que no había visitado aún.
Conoció a Ewan en una granja de Nueva
Zelanda en la que ella ayudaba con las tareas domésticas y él domaba caballos;
pronto surgió el amor. Ella era feliz, él era él, y no hace falta decir más. La
noche en que iba a decirle que estaba en cinta, una fuerte tormenta se desató
obligó a Ewan a salir a apaciguar a unos nerviosos caballos salvajes. Nadie
podría haberse figurado que después de tantos años, un caballo asustado fuese
el causante de su trágico final.
Después de todo un año de felicidad, Laura
volvía a estar sola, a sentirse sola, a saberse sola, igual que toda su vida
antes de él. Durante los siguientes meses Laura sólo hablaba con su bebé aún no
nato; decidió que sería niña, y la llamó Hope, 'esperanza' en inglés.
Serás alta como tu padre, y rubia como él,
con su cabello ensortijado y sus gruesos labios -le decía dirigiéndose a su
creciente barriga-, y sobre todo, igual que él, harás sonreír a todo aquel que
tenga la suerte de conocerte.
*
* *
Aquí es donde el escritor decide: dejar que
Hope nazca y crezca para terminar huyendo a los dieciocho -igual que su madre-,
harta del gigantesco peso que Laura ha cargado sobre su espalda desde mucho
antes incluso de llegar al mundo, o acabar con su vida en el vientre, antes del
alumbramiento, y llevar así a Laura a la más absoluta de las locuras, dejarla
con la única opción del suicidio. Tal es el poder del escritor; ¿qué hacer con
él?
jueves, 5 de febrero de 2015
ÁNGEL STANICH
"Último aviso para los pasajeros con
destino a la Meca Ambulante..."; despliega tus historias de frontera de
barrio recogiéndote en ti mismo, como si fueses un armadillo asustado que
ignora lo fuerte que puede llegar a ser.
Es bueno encontrarse con tipos así de vez
en cuando; hombres dispuestos a cualquier cosa, capaces de recordarte que no
eres parte del mobiliario: "ya estoy cansado de hablar, creo que voy a
disparar". Muévete.
No es el pelo descuidado, ni la hirsuta barba
o las gafas oscuras, no son las zapatillas gastadas ni las botas rancheras, no
se trata de lo rápido que puedas rascar las cuerdas de tu guitarra, tampoco es
cuestión de escupir más palabras; la única clave a tener en cuenta es el
misterio. "Estuve en el cruce, estuve con él; su traje de luces, su negro
corcel".
domingo, 1 de febrero de 2015
TAMBIÉN LOS HÉROES TERMINAN CLAUDICANDO
Agotamiento es sólo una palabra, un
concepto, una idea incapaz de nada; tres jornadas laborales consecutivas de más
de doce horas ininterrumpidas, un estado, algo transitorio, frugal aunque
doloroso, una estupidez que antes o después cesará. Adiós a las armas, adiós al
amor... ¡tiempo muerto!, por favor, tiempo muerto o rendición incondicional,
por el amor de Dios.
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