jueves, 12 de marzo de 2015

"Muy pronto, en mi vida, fue demasiado tarde".
Marguerite Duras de su novela 'EL AMANTE' (1984)

martes, 10 de marzo de 2015

-¿Es usted extranjero?
-Según se mire.
-Disculpe, creo que no le entiendo.
-Bueno, depende con respecto a qué país lo pregunte.

domingo, 8 de marzo de 2015

SUCESIÓN ININTERRUMPIDA
(SHOW MUST GO ON)
     Por lo que veo en tu blog, trabajas arduamente, lo mantienes vivo. Eso es bueno. Por mi parte he descubierto la verdad -esto es un hecho, no intentes confundirme preguntándome a qué realidad me refiero o cualquier otro tipo de 'chorrada' (qué palabra, ¿verdad?)-, aunque aún no sé cómo obrar en... consecuencia. Mañana te veré; será fantástico, beberemos y diremos un montón de estupideces que nos parecerán geniales -a ellos también se lo parecerán, serán tan felices oyéndonos despotricar, cumpliendo nuestros papeles..., me gustaría poder verles alguna vez y felicitarles con una fuerte palmadita en la espalda: juego descubierto, juguete al 187.5 por ciento y su-bi-en-do-.
     Nos veremos y beberemos, beberemos y reiremos, reiremos y beberemos, beberemos y nos entrarán ganas de llorar, lloraremos y beberemos; más tarde será otro día, ya nada importará.

viernes, 6 de marzo de 2015

     Hoy estoy cansado, muy cansado... Tanto como para contemplar la vida y la muerte sin mucho interés, tanto como para sentirme impasible mientras lo inevitable toma forma ante mí. Hoy sería un buen día para encontrarse en un banco en el momento exacto en que tres locos deciden llevar a cabo un atraco a mano armada; podría detenerlos sin pestañear después de que uno de ellos gritase "al primero que se mueva me lo llevo por delante". Adelante pues, pensaría yo, y me convertiría en héroe por el simple hecho de que hoy estoy cansado, muy cansado... demasiado para que me importe una mierda seguir respirando mañana.
"Empecé a recopilar estas notas sin para y sin porqué y sólo para ver qué pasaba, para desoxidar las bielas, para comprobar si la maquinaria seguía moviéndose a pesar de todo, a pesar del tiempo y la inseguridad que me habían ido convirtiendo, poco a poco al principio y de pronto súbitamente, en un hombre acorralado".
Ray Loriga de su novela 'ZA ZA, EMPERADOR DE IBIZA' (2014)

jueves, 5 de marzo de 2015

"Uno no es escritor a tiempo parcial, de la misma forma que un enfermo de cáncer no lo es sólo a por las noches".
Israel Lozano

domingo, 1 de marzo de 2015

Y LA VIDA SIGUIÓ
     Conducía con decisión, con ese tipo de calma desbordada que muestran quienes transitan parajes ya conocidos y que tanto asusta a quienes, desde el asiento del copiloto, descubren por vez primera en camino.
     A pesar de ello, de los rápidos movimientos de manos al volante, de las curvas cerradas tomadas a toda velocidad, de los vertiginosos cambios de carril in extremis, de los guijarros proyectados fuera del camino y de los baches imposibles de evadir que hacían saltar al destartalado Peugeot 504 gris, a pesar de todo ello, Jacob no tenía ni la menor idea de hacia dónde se dirigía; no hace falta decir que yo aún menos.
     Conducía, como suelen hacerlo los hombres atribulados y decididos al cambio definitivo de rumbo vital, con violencia y agresividad, maldiciendo de cuando en cuando, elevando su voz ronca por encima de las altísimas notas de guitarra que salían de los altavoces del coche; a su lado yo permanecía callado, sin saber qué decir, o sabiéndolo, pero incapaz de encontrar el valor para hacerlo.
     -Jacob... -me arranqué un par de veces-.
     -Ahora no -me frenó en seco-, ahora no.
     Yo pensaba en el Lago Roca, intentaba teletransportarme a él o, al menos, lograr que mi consciencia se esfumase hasta allí durante unos pocos minutos de paz. Ignoro en qué pensaba Jacob; de hecho, es posible que ni siquiera pensase en algo concreto. De vez en cuando le miraba de soslayo, en su mirada ardía el fuego de la decisión tomada, firme; yo me preguntaba cuál sería esa decisión.
     De repente, después de una cerradísima curva, nos encontramos con el final de aquella carretera mal asfaltada; estábamos a pocos metros de la cumbre de la montaña, ante nosotros un camino de grava y piedrecillas medio embarrado por las lluvias de noviembre. Apenas necesitó medio segundo para desvelarme sus intenciones: sin apartar la vista del horizonte frunció el ceño y sonrió al tiempo que metía la primera y pisaba el acelerador a fondo, en pocos segundos llegaría el suspiro definitivo, el último. Entonces la fusión se abría completado, ya nunca más habría cara y cruz, nunca más dos voces, dos miradas, dos ideas.