viernes, 15 de julio de 2016

ELLA Y ÉL
     (Ella) Sonríe; me ha visto mirándole y ha sonreído. En sus manos una copia del 'Libro de Rachel', la misma edición que el mío, exactamente igual al ejemplar que tengo aquí, al lado de mi taza de café. No sé si se habrá percatado de ello; seguro que sí, me ha sonreído. Aunque no sé... ¡sonríe otra vez!
     (Él) Su cuello..., tan largo, tan blanco; un fuerte deseo crece en mi interior. De cuando en cuando levanto la vista de mi lectura y ahí está ella, clavándome la mirada, penetrándome. Parece increíble que aquí, en una oscura cafetería, a estas horas de la tarde, el destino me haya sentado frente a este ser tan excepcional y que, además, algo la haya llevado a fijarse en mí. ¿Sería, tal vez, una locura...?
     (Ella) Vuelve a mirarme, diría incluso que me desnuda con la mirada; o tal vez... me esté haciendo una propuesta. Una invitación. Quiere que le siga, que me levante de mi silla y me acerque a su mesa. ¿Qué pasaría si así lo hiciese?
     (Él) Primero, me acercaría a ella, con paso firme, sin apartar los ojos de los suyos. Me sentaría a su lado, sin decir palabra tomaría entre mis manos su copia del 'Libro de Rachel', la misma edición que la mía; su mirada descendería, su pelo caería tapándole la cara; entonces, con mucha delicadeza, se lo apartaría lentamente con mi mano derecha al tiempo que con la izquierda buscaría su cintura.
     (Ella) Sus ojos y mis ojos: el encuentro. Y después, un eterno primer beso. Su lengua dentro de mi boca, como un explorador intrépido cumpliendo con su misión de reconocimiento; sus manos, mis manos, nuestros labios sedientos; los ojos entreabiertos, tomando nota, creando recuerdos.
     (Él) Pediríamos la cuenta y nos iríamos a toda prisa. Quizá ella viva cerca, más que yo. Su cama.
     (Ella) Sus sábanas, blancas, perfumadas.
     (Él) Sus manos inquietas buscando mi torso.
     (Ella) Y una vez más su boca; y mientras, sus laboriosos dedos desnudándome, tomándome.
     (Él) Se tendería en la cama, completamente desnuda, toda mí: sus firmes pechos blancos, sus largas piernas, su cuello, sus bocas sagradas.
     (Ella) Y me haría suya.
     (Él) Completamente entregados.
     (Ella) Y él sería... mío.
     (Él) La noche más larga.
     (Ella) La eternidad en una cama.
     (Él) El comienzo, la creación... Big Bang.
     (Ella) La eternidad al fin.

martes, 12 de julio de 2016

Tejo con cuidado
los hilos que mañana
cubrirán tus ideas
protegiéndote
del frío,
del vacío,
del olvido.

domingo, 10 de julio de 2016

"A veces el silencio resulta tan elocuente...; la respuesta más contundente a la estúpida velocidad de nuestras vidas. El último reducto de la cordura".
Jacobus Stolz

domingo, 3 de julio de 2016

ESCRITOS DE UN VIEJO PREMATURO
(capítulo 27: PTERODÁCTILO AL FINAL)
-Pero, eso que me dices es...
     Su voz se quedó suspendida, flotando el eco de sus palabras incompletas en el aire de una tarde de verano cualquiera, abriéndose paso entre la densidad del ambiente. Por aquel entonces yo dormía en un motel, al lado de una de las carreteras más transitadas de la región; cuando años más tarde me trasladé a la montaña, me resultó harto complicado acostumbrarme a la ausencia de aquel rugido constante del tráfico bamboleante.
-Me cuesta creerlo, pero claro -volvieron sus palabras, sacándome del trance en el que su silencio me había sumido-, claro... resulta tan...
-Contundente -atajé-; pesado y definitivo, difícil de digerir e irreprochable, inaplazable. Contundente como una mierda de pterodáctilo: imposible de evitar, incontestable.
     Dedujo, imagino, de mis palabras, que ya no había ni habría vuelta de hoja: Las últimas páginas del cuaderno de mi vida se estaban escribiendo en esos momentos; ya poco, o nada, había que hacer. En pocos días el cáncer habría hecho (habrá hecho) su trabajo, y este viejo pterodáctilo habrá expulsado, al final su última e inapelable gran cagada de despedida. Adiós.

jueves, 30 de junio de 2016



     Yo no soy Federico García Lorca; tampoco soy Charles Bukovsky, Chuck Palahniuk, Fedor Dostoyevski o Martin Amis. No soy el producto de las múltiples reacciones a que te predispone un nombre. No, no soy ninguno de esos nombres que tantas veces he utilizado, ninguno; y aún así, soy todos, todos ellos a la vez. Yo soy escritor, lo que me convierte en padre, madre e hijo: todo el mundo y nadie en concreto, un universo de posibilidades y ni una sola llevada a término. Yo soy, al fin, el motor perpetuo de mi propia eternidad.

lunes, 27 de junio de 2016

     Está sentado delante de la farmacia; el último hombre del planeta, con su guitarra cargada y a punto de cometer un crimen final con el que despedirse por todo lo alto de su afición heredada, está preparado para la acción: si tú quieres yo salto -grita-, si me lo ordenas me desmayo -susurra-, si lo pides así te mato -sentencia-.
     El siglo XXI está, estaba ya antes de comenzar, saturado, cargado de héroes sin villano; antes o después todos los buenos, cargados de balas y adrenalina, terminarían por parecer malos. Todo es cuestión del punto de vista; tan sencillo, tan breve. Como dar de comer a un pez en un acuario desierto: mientras lo hagas vivirá, si lo abandonas está sentenciado.
     Yo no soy el único dueño de mi destino. Demos gracias por ello.