viernes, 19 de julio de 2019


Así está la cosa: toda una especie a punto de desaparecer. Qué le vamos a hacer, tal es el carácter del somormujo irlandés.
Coincidiendo con el fin del invierno, y justo antes de la llegada de los vientos primaverales, bandadas de ellos desembarcan en las poblaciones costeras del norte de nuestro país. Su naturaleza aventurera y alocada, a menudo, les lleva a adentrarse en regiones interiores, dónde, habida cuenta de su conducta kamikaze, terminan perdiendo la vida empotrados, casi siempre, en las rejillas de las parrillas delanteras de turismos, furgonetas y camiones.
Desde tiempos inmemoriales, estas graciosas aves, poseedoras de un divertido y melódico canto, han estado visitando nuestras tierras. EL creciente uso de vehículos y el asfaltado de nuestros caminos son las causas principales de la devastadora situación de esta especie autóctona del sur de Irlanda y el oeste del Reino Unido.
Con un número de 'avistamientos' cada vez menor -apenas unos 50.000 ejemplares el pasado 1967-, nos enfrentamos, a todas luces, a la desaparición del simpático somormujo irlandés y sus melodiosas visitas primaverales a nuestra península.

martes, 16 de julio de 2019


Ningún ignorante puede ser tan peligroso como un hombre instruido; éste será capaz de manipular la información de que dispone en su beneficio, siempre en busca de retorcer opiniones, doblegar voluntades y remover sentimientos.

domingo, 7 de julio de 2019


Decidió hinchar todos sus presupuestos, para joder; para joder a todos los capullos engreídos que se creen demasiado listos para aceptar las normas de cualquier marco legal, moral o social.
Todo empezó cuando cayó en la cuenta de la cantidad de clientes que le pedían presupuesto para dejar de limpiar su negocio y que, en lugar de contratarle, terminaban 'incorporando' en su plantilla a una chica joven, morenita (= inmigrante en lenguaje políticamente más adecuado), más bien calladita y muy madrugadora. Algo olía mal, lo tenía claro; así que cuando alguien le preguntaba por un servicio, él añadía a todos sus cálculos 200 euros.
Por ejemplo: servicio de limpieza cada mañana, antes de abrir, de una cafetería con cierta actividad nocturna; 400 € + 200 = 600€.
Cuando esto pasaba, nadie le aceptaba el presupuesto, lógicamente (se había escapado del mercado), pero confiaba en que, a la pobre chica ilegal a la que le ofrecían el trabajo, no le pagasen menos de 300 o 320 euros bajo manga, que en el fondo es lo que le hubiese supuesto a él mismo tenerla, legalmente, en plantilla. De alguna forma sentía que así equilibraba la balanza, hacía un poco de justicia.
Inflaba, hinchaba, engordaba... y sonreía. Tal vez había renunciado a ganar unos cuantos cuartos apretando a sus empleados pero, si de algo estaba seguro, es de que así era feliz.

jueves, 4 de julio de 2019


¿Cómo se joden las cosas? La verdad es que, en eso de mandar una incipiente vida a la mierda, no hay épica alguna: las cosas se joden de la manera más tonta.
Por ejemplo: una chiquilla comentándoles a sus padres que quiere ser enfermera, ayudar a los demás; y un gilipollas que contesta que las enfermeras son las secretarias de los médicos y que, así, sólo puede aspirar a ayudar a algún buen médico, como mucho.
Jacobus Stolz convivía con una persona triste disfrazada de alegría absoluta, con un volcán emocional, una mujer frustrada, distraída, deprimida e incapaz de reconocer en sus raptores la fuente de toda su infelicidad.
Hablo de 'raptores' porque, cuando les conocí -a Jacobus y a ella-, solía contar historias de intentos de fuga y escapadas nocturnas para transgredir alguna directriz injusta. El caso es que acabaron minando su voluntad, y lo hicieron inculcándole, a la vez, un terrible sentimiento de perpetua deuda de sangre. Así que se fue marchitando, sin darse cuenta, si querer reconocerlo.
Por todo ello Jacobus les odia, con todas y cada una de sus células; les odia por destrozar un bello, hermoso, ángel de Dios. Y les odia más aún por hacerlo en nombre del Señor.
Pero, por mucho que Stolz entienda, por mucho que empatice y comprenda, la realidad, su realidad, es que se ha quedado solo: solo con un enemigo abúlico y agresivo, solo sin más herramientas que un detonador conectado a un cinturón de explosivos que no recuerda si se ha puesto esta mañana o, por el contrario, le ha dejado a ella antes de salir de casa.

martes, 2 de julio de 2019


Total, que el tipo anda ligeramente mosqueado, enfadadillo con todo el mundo; ojo, no con el mundo en general y nadie en particular. No, no resulta tan tópico. El tío está realmente rabioso y se siente con motivos suficientes para estarlo con todos y cada uno de los habitantes del planeta Tierra.
Barrunta ideas agresivas durante noches eternas, cavila y frunce el ceño día tras día y se prepara para lo inevitable. Porque lo que antes o después tiene que llegar, es mejor estar esperándolo; así, por lo menos, no te pilla por sorpresa.
Finalmente, después de unos cuantos meses así, encabronado y obstinado, se decide por la acción: "me colgaré y diré 'adiós', que es lo mismo que decir 'a tomar por el culo', pero sin ofender a nadie".

domingo, 30 de junio de 2019

El hombre de acero ya no puede volar. No tiene ningún problema físico, pero por dentro está roto; se siente como si alguien le hubiese dado a beber una infusión de kriptonita maldita y ahora, triste y cabizbajo, no tiene muchas ganas de salir fuera del cómodo apartamento de Clark Kent para revolotear entre las negras nubes de Metrópolis y rescatar a algún capullo en apuros.
Que les jodan con sus gilipolleces, piensa él, y acto seguido se sirve otro bourbon mientras repite frente al reflejo que de su imagen le devuelve una vitrina llena de figuritas de cristal, que no puede volar: cómo voy a poder si ni ganas tengo de intentarlo.

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Porque, si querer es poder, no tener la menor intención debe de ser el imposible absoluto.