sábado, 1 de abril de 2017
domingo, 8 de enero de 2017
BYE BYE LOVE
Tenía que pasar, estaba escrito; o tal vez
no, y por eso tengo que escribirlo yo ahora, hoy. No se trata del fin de un
ciclo, ni de un nuevo comienzo -que sí, lo sé, he sido un auténtico coñazo con
estas ideas tan poco originales acerca del eterno retorno, el círculo que
engendra más círculos y toda esta perorata tan habitual en mí-; esto es un
sencillo y honesto, amén de definitivo, adiós.
Cinco años es suficiente para conocernos,
enamorarnos, enfadarnos, saltar y reír, regañar, bailar y soñar, dar cuatro
gritos, reconciliarnos y hacer el amor y, si así lo estiman oportuno los
dioses, hasta tener descendencia. Cinco años dan para mucho en la relación
entre un tipo a este lado de la pantalla, aporreando un teclado viejo, cansado,
casi ciego, y vosotros, lectores valientes e insaciables. Cinco años es el
límite razonable para cualquier proyecto comunicativo desarrollado a ratos, en
intempestivas horas llenas de soledad y silencio.
Me voy porque estoy a punto -a punto he
estado- de traicionar la libre naturaleza con que este proyecto, este lugar,
este espacio, fue gestado. La inmediatez ya no es viable; la vida cambia, los
tiempos deben gestionarse de diferente forma, qué le vamos a hacer. Claudicar
jamás ha sido una opción: la esencia de las cosas es lo que realmente son; con
ideas así estaba claro que antes o después debía ser consecuente y poner fin a
esta empresa. Mejor despedirse a tiempo que arriesgarse a la incongruencia; no
es bueno hacerse trampas en solitario.
Me voy... y digo adiós, me quito el
sombrero ante ustedes, nobles lectores que tan generosamente han sabido
acogerme en sus ratitos de ocio, junto al primer café del fin de semana, en sus
puestos de trabajo, a primera hora de la mañana y a última de la tarde, en sus
'inteligentes' teléfonos móviles, durante los anuncios y al terminar la cena, o
entre plato y plato de una tediosa reunión familiar; me despido con gratitud y
satisfacción: ha sido hermoso esto que hemos tenido, conocernos así ha sido...
fantástico. Alégrense por haber formado parte de ello.
Nada habría sido igual sin vosotros al otro
lado; sin vuestros mensajes, vuestros correos y los muchos comentarios que de
cuando en cuando me hacíais llegar, esta casta no habría podido ponerse tan
lozana. También me voy por vosotros; porque necesitamos vernos con otras
personas, crecer, conocernos desde otros prismas, con otras luces. Por
supuesto, a este proyecto seguirá otro, absolutamente anónimo a día de hoy,
exactamente igual que comenzó éste, y tal como lo hizo el que lo precedió en su
momento. Así es como me gusta empezar a caminar: solo; ya habrá tiempo para ir
sumando compañeros de viaje, que ninguno se venga por el recuerdo de lo que fue
otra vida en otra piel, algo muy distinto a lo que puede ser.
El tiempo dirá, quién sabe, si volveremos a
encontrarnos. Puede que incluso terminemos por 'rescatar' el viejo archivador
en el que guardamos celosamente una copia de todo lo que ha sido y de todo lo
que no llegó a ser; por si acaso, no vaya a ser que algún día nos dé por echar la
vista atrás y veamos que nos dejamos en el tintero algo muy importante, algo
muy especial; demasiado como para seguir escribiendo estas líneas, demasiado
como para no teclear, definitivamente y aunque duela, el último punto final.
jueves, 29 de diciembre de 2016
¿DE MILAGRO?
La supervivencia, ese concepto que nos
habla de la vida más allá de las condiciones adversas o después de determinados
acontecimientos relevantes; es normal que uno tienda a pensar que se trata de
un término con macro-pretensiones, algo así como la supervivencia de la especie
a pesar de algunos de sus más insignes especímenes, pero lo cierto es que la
supervivencia individual, lo que vendría a ser una micro-supervivencia, tampoco
debe ser desechada como objeto de estudio.
Para mí resulta un completo misterio la
increíble sostenibilidad que ha alcanzado nuestra sociedad a pesar de haber
perdido por completo el sentido de supervivencia personal. Como es lógico, este
tipo de planteamientos, estas cuestiones y su desarrollo, se ven más claramente
cuando son ilustradas a través de ejemplos simples, reconocibles y que, por lo
tanto, todos podemos identificar con la experiencia propia. Procederé pues.
Yo tengo un par de vecinos: una señora mayor
francamente desagradable, metomentodo, sabihonda y autoritaria, que está
casada, Dios los cría..., con un abuelito sucio, quejica, borde y completo
desconocedor del jabón. Tendrán unos setenta y pocos; a juzgar por sus andares
pesados y sus movimientos desacompasados, ni sus caderas pueden dar mucho más
de sí ya ni sus huesos en general están en su mejor momento. Vamos, que de
precisar salir corriendo, o protegerse con sus propias manos valiéndose de sus
escasas fuerzas, de un agresor furibundo, lo llevarían claro. Aún así la una
ordena, avasalla y discute todo lo discutible -lo demás, también- con la
premisa de llevar razón 'por ser vieja', y el otro bromea sin pudor ni respeto
con cuestiones ajenas que debieran ser intocables. Tal actitud les pone, a mi
entender, en lo que podría ser un punto de mira improvisado por cualquiera de
sus vecinos; yo mismo, sin ir más lejos, en más de una ocasión he sentido el
casi incontrolable arrebato homicida de lanzarme a por ellos con el puño bien
cerrado y partirles la cara. Así, como suena.
¿Cuántos como ellos moran nuestras
ciudades? Octogenarios impertinentes, minusválidos maleducados, discapacitados
engreídos; simplemente siguen vivos por una sencilla cuestión que va más allá
de la suerte que ahora mismo todos ustedes tienen en la punta de la lengua, y ésta
es la corrección política. Ni uno sólo se quedaría intacto de no ser porque
socialmente está mal visto abusar, especialmente de forma física, de todo aquel
que nuestra sociedad presuponga en inferioridad de condiciones, lo que por otra
parte no deja de poner en evidencia la hipocresía con que se defiende a
cualquier supuesto inferior con independencia de que sus virtudes lo hagan
merecedor de tal respeto.
En definitiva, y resumiendo un poco, muchos
de nosotros seguimos vivos a pesar de nuestro empeño en dejar de estarlo.
Entenderán ustedes que ahora me despida abruptamente, sin preámbulos ni
divagaciones de regalo, pues soy muy consciente que tras lo expuesto más de un
lisiado con mal carácter querrá echarme el guante y un servidor, lo que se dice
fornido o veloz, a qué engañarnos, no lo es y, cosa curiosa, sigo empeñado en
resistir a pesar de mi incapacidad para cerrar la maldita bocaza.
sábado, 24 de diciembre de 2016
KEEP ON FIGHTING
No
lo permitas,
el
de-ve-nir... no te debe superar;
aunque
la inevitable bruma
de
la soledad,
la
triste certeza
de
la realidad
y
el tedioso círculo
de
la prudencia
-porque
la prudencia, como el miedo,
mata
el tiempo dando vueltas y
más
vueltas
delante
de tu puerta
cuando
no sabe qué hacer-
pretendan
asolar
el
castillo que tanto te ha costado
edificar:
tu
identidad, tu vida, tu razón;
no
olvides que, después de todo,
tras
el primer corte profundo
todos
empezamos a sangrar.
miércoles, 21 de diciembre de 2016
HISTORIA DE UNA CARTA DE AMOR QUE NUCA
SERÁ ENVIADA
Todo comienza con nuestras miradas
encontrándose, nuestros ojos retándose, las pupilas desafiantes; después viene
el primer beso, ligero, sedoso, más hambriento que sediento.
En mi imaginación hemos hecho el amor cientos
de veces, tantas como días nos hemos visto desde aquel primer viernes hace ya
veinte años; puede que incluso alguna más.
Siempre es igual. Con la llegada del último
día de la semana laboral tú apareces con tus cajas, tus albaranes y tus partes
de entrega; yo siempre me siento con ganas de arreglarme con la mañana, 'hoy me
encuentro un poco coqueta' me digo frente al espejo, justo antes de girarme y
abrirte la puerta. Entonces te sonrío y tú, me respondes; yo me derrito.
Durante unos diez, quince minutos, charlamos; son tantas las cosas en las que
coincidimos, tantos nuestros encuentros, que parece imposible pensar que lo
nuestro podría no funcionar. Claro, todo esto lo digo desde la distancia
prudente, desde mi encantada estancia en el misterio.
Cuando llega la hora de despedirnos... ahí
es cuando, siempre, veo en tus ojos un desafío o una invitación, una suerte de
cómplice sonrisa que me confiesa que tú también lo estás deseando, que anhelas
el beso. Pero yo dudo, tú no te atreves; nos dejamos escapar. Otra semana más.
Mes tras mes, los años sucediéndose.
A veces me pregunto si algún día dejará de
ser así, si conseguiremos dar el salto y cruzar nuestros límites; aunque sólo
sea una vez, por un simple sentimiento deudor de nuestras íntimas necesidades.
Expectativas; ¿será ya demasiado tarde? Inevitablemente hay días en que pienso
que nuestras canas debieran liberarnos de una vez; otros creo que son ellas
mismas, junto con nuestras más profundas arrugas, las que nos frenan y retienen
a este lado de la barreta, tristemente asentados en la cómoda seguridad del
deseo.
Quizá algún día, quizá... tú y yo, nosotros
dos a este lado de la realidad, fundiéndonos desnudos en el dulce abrazo de los
sueños alcanzados.
domingo, 18 de diciembre de 2016
miércoles, 14 de diciembre de 2016
COSAS IMPORTANTES DE VERDAD
Hay un tal Cristiano Ronaldo hablando, el
semblante muy serio, en el aparato de televisión. El muchacho se sabe -no sólo
se cree- tremendamente importante: tiene cuatro balones de oro -que, en caso de
ser macizos, deben pesar una barbaridad-.
Al parecer, en esto de las pelotas doradas,
el tipo está empatado con un argentino chaparro y escurridizo que responde al
nombre de Lionel Messi.
Entre los dos suman, ni más ni menos, que
ocho pegotazos áuricos. Esto, según deduzco de las primeras noticias de la
mañana, es francamente importante; nada que ver con la ya cansina guerra en
Siria, el rollazo del debate europeo acerca de los refugiados o la pesada
'operación kilo' recordándonos, otro año más, la obligación de segur siendo un
país generoso y solidario.
Vamos, que no pueden imaginarse cómo me
alegro de tener la suerte de poder encender la radio y oír, cuando aún no han
dado las siete de la mañana, que el tal Cristiano ha empatado en galones futboleros
al tal Lionel. Una suerte vivir en un país como este, lleno de gladiadores,
leones y demás fieras, bien cuidadas, bien alimentadas, para la sostenibilidad
del tan virtuoso entretenimiento al que sin duda todos nosotros, ciudadanos de
bien, tenemos derecho. Circo, toros, fútbol y curias políticas paseando de
punta a punta de la nación; cosas importantes de verdad, y nada de estúpidas
noticias de carácter humano con las que rellenar espacios de vital
trascendencia y, de paso, mortificar y culpabilizar de su buena suerte, debida
principalmente a su abnegado saber hacer, a las humildes y laboriosas gentes de
éste, nuestro ejemplar y nada banal estado del bienestar.
miércoles, 7 de diciembre de 2016
RELATIVO
Qué diferente habría sido todo si yo..., si
no fuese una mujer -piensa Elena-; si yo no tuviese esta pálida carita, estos
ojos melosos y esta larga melena negra, nadie podría perdonarme. A nadie le
importaría que Marta llevase años despreciándome en público, insultándome a
diario, maltratándome en la cama; ni las quemaduras de los cigarrillos en los
brazos, como castigo a mis osadías, justificarían mi arranque de furia asesina,
mi venganza a cuchillo en un arrebato de locura, si yo me llamase, por ejemplo,
Manolo. Entonces la prensa hablaría de violencia de género, y no de defensa
personal; qué diferentes serían las declaraciones de los vecinos, nada de 'la
verdad es que la otra la tenía amedrentada, vivía atemorizada' o 'aunque no
deba decirlo, lo cierto es que la chiquilla no podía seguir viviendo así'. Si
yo fuera Manolo, todo lo que saldría de las bocas de quienes nos conocían sería
el trillado 'nadie lo hubiera dicho, parecían tan normales'. Mis hermanos no iniciarían
una campaña en alguna plataforma de recogida de firmas pidiendo mi indulto,
porque la verdadera maltratada en esta historia soy yo, sino que apartarían de
un manotazo las cámaras negándose a realizar declaraciones al tiempo que se
desmarcarían de cualquier vínculo conmigo. Yo no sería una heroína luchadora y
liberada; sería un monstruo más, el enésimo en una lista interminable de
crueles avasalladores. No faltaría algún amigo, en las noticias de la noche,
haciendo muchos aspavientos y gestos con las manos mientras trataba de explicar
a los telespectadores lo cruel que resultaba mi agresividad pasiva en cada
encuentro que con él habíamos mantenido en los últimos años. Sin duda yo sería,
sencillamente, el cabrón del Manolo, otro malnacido más, un asesino sin excusa,
una vergüenza y un completo desgraciado.
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