miércoles, 2 de mayo de 2018

No, no, no... Esto no es un último intento, ni la intención manifiesta de perpetuidad sin vicio ni culpa. La música suena fuerte aquí dentro, en lo más profundo de mi cabeza. Está claro que sin guía no hay camino, igual que sin luz ni agua...
Forniquemos de una puta vez; olvida la prudencia: viaja a Caldas de Luna conmigo, a mi lado y toda esa mierda de las juventudes neo-fascistas seguidoras de cualquier gilipollez que suene 'guay'. Tengo tanto que ofrecer.
Después de un primer beso querrás un polvo, y luego otros dos o tres; más tarde, no serás mía, pero seguro que te apetecerá compartir mi sudor. Al  fin y al cabo, pasaremos un buen rato.

https://www.youtube.com/watch?v=hLEoictM8p4

domingo, 31 de diciembre de 2017

Esta no es mi casa. No me refiero a que no me pertenezca; eso es algo obvio: la casa es del banco. Cuando digo que no es mi casa, tampoco pretendo menospreciar las distintas estancias, lo espacios que en ella coexisten, que la conforman como vivienda formidable e incluso caluroso hogar; adoro a las personas que la habitan, mis hijos y mi mujer, nada más lejos de mis intenciones que despreciarles con mi declaración. Pero lo cierto es que esta no es mi casa, como tampoco lo ha sido ninguno de los diferentes inmuebles en los que he habitado desde que tengo memoria; tal vez antes del recuerdo sí que percibiese el hogar familiar como mío, pero eso es algo que el olvido me impide tener en cuenta.
Esta no es mi casa y, aún así, vivo en ella: duermo, o lo intento, me despierto, paso por el cuarto de baño, desayuno algo y me descalzo cuando regreso por la noche, repaso algunas cuentas, escribo correos electrónicos e intento gestionar una empresa de limpieza, de vez en cuando oigo música, leo un cuento a los chiquillos y juego a alguna tontería con ellos. Hago todo lo que uno debe de hacer en su casa. Supongo que así ha de ser; pero sigue sin ser mi casa.
Me he pasado horas y más horas, de días y semanas y meses enteros, dándole vueltas a la misteriosa razón por la que no percibo esta casa como mía y, sinceramente, no hallo solución: en esta casa he besado a las personas que más amo, he bebido cerveza fría con mi hermano, he puesto mi copia del primer LP de Leonard Cohen y he escrito unas cuantas líneas bastante decentes; entonces, ¿por qué esta no es mi casa?
Desesperado, busco mi respuesta, espero la iluminación, algo de ayuda, una solución.

domingo, 8 de enero de 2017

BYE BYE LOVE
     Tenía que pasar, estaba escrito; o tal vez no, y por eso tengo que escribirlo yo ahora, hoy. No se trata del fin de un ciclo, ni de un nuevo comienzo -que sí, lo sé, he sido un auténtico coñazo con estas ideas tan poco originales acerca del eterno retorno, el círculo que engendra más círculos y toda esta perorata tan habitual en mí-; esto es un sencillo y honesto, amén de definitivo, adiós.
     Cinco años es suficiente para conocernos, enamorarnos, enfadarnos, saltar y reír, regañar, bailar y soñar, dar cuatro gritos, reconciliarnos y hacer el amor y, si así lo estiman oportuno los dioses, hasta tener descendencia. Cinco años dan para mucho en la relación entre un tipo a este lado de la pantalla, aporreando un teclado viejo, cansado, casi ciego, y vosotros, lectores valientes e insaciables. Cinco años es el límite razonable para cualquier proyecto comunicativo desarrollado a ratos, en intempestivas horas llenas de soledad y silencio.
     Me voy porque estoy a punto -a punto he estado- de traicionar la libre naturaleza con que este proyecto, este lugar, este espacio, fue gestado. La inmediatez ya no es viable; la vida cambia, los tiempos deben gestionarse de diferente forma, qué le vamos a hacer. Claudicar jamás ha sido una opción: la esencia de las cosas es lo que realmente son; con ideas así estaba claro que antes o después debía ser consecuente y poner fin a esta empresa. Mejor despedirse a tiempo que arriesgarse a la incongruencia; no es bueno hacerse trampas en solitario.
     Me voy... y digo adiós, me quito el sombrero ante ustedes, nobles lectores que tan generosamente han sabido acogerme en sus ratitos de ocio, junto al primer café del fin de semana, en sus puestos de trabajo, a primera hora de la mañana y a última de la tarde, en sus 'inteligentes' teléfonos móviles, durante los anuncios y al terminar la cena, o entre plato y plato de una tediosa reunión familiar; me despido con gratitud y satisfacción: ha sido hermoso esto que hemos tenido, conocernos así ha sido... fantástico. Alégrense por haber formado parte de ello.
     Nada habría sido igual sin vosotros al otro lado; sin vuestros mensajes, vuestros correos y los muchos comentarios que de cuando en cuando me hacíais llegar, esta casta no habría podido ponerse tan lozana. También me voy por vosotros; porque necesitamos vernos con otras personas, crecer, conocernos desde otros prismas, con otras luces. Por supuesto, a este proyecto seguirá otro, absolutamente anónimo a día de hoy, exactamente igual que comenzó éste, y tal como lo hizo el que lo precedió en su momento. Así es como me gusta empezar a caminar: solo; ya habrá tiempo para ir sumando compañeros de viaje, que ninguno se venga por el recuerdo de lo que fue otra vida en otra piel, algo muy distinto a lo que puede ser.
     El tiempo dirá, quién sabe, si volveremos a encontrarnos. Puede que incluso terminemos por 'rescatar' el viejo archivador en el que guardamos celosamente una copia de todo lo que ha sido y de todo lo que no llegó a ser; por si acaso, no vaya a ser que algún día nos dé por echar la vista atrás y veamos que nos dejamos en el tintero algo muy importante, algo muy especial; demasiado como para seguir escribiendo estas líneas, demasiado como para no teclear, definitivamente y aunque duela, el último punto final.

jueves, 29 de diciembre de 2016

¿DE MILAGRO?
     La supervivencia, ese concepto que nos habla de la vida más allá de las condiciones adversas o después de determinados acontecimientos relevantes; es normal que uno tienda a pensar que se trata de un término con macro-pretensiones, algo así como la supervivencia de la especie a pesar de algunos de sus más insignes especímenes, pero lo cierto es que la supervivencia individual, lo que vendría a ser una micro-supervivencia, tampoco debe ser desechada como objeto de estudio.
     Para mí resulta un completo misterio la increíble sostenibilidad que ha alcanzado nuestra sociedad a pesar de haber perdido por completo el sentido de supervivencia personal. Como es lógico, este tipo de planteamientos, estas cuestiones y su desarrollo, se ven más claramente cuando son ilustradas a través de ejemplos simples, reconocibles y que, por lo tanto, todos podemos identificar con la experiencia propia. Procederé pues.
     Yo tengo un par de vecinos: una señora mayor francamente desagradable, metomentodo, sabihonda y autoritaria, que está casada, Dios los cría..., con un abuelito sucio, quejica, borde y completo desconocedor del jabón. Tendrán unos setenta y pocos; a juzgar por sus andares pesados y sus movimientos desacompasados, ni sus caderas pueden dar mucho más de sí ya ni sus huesos en general están en su mejor momento. Vamos, que de precisar salir corriendo, o protegerse con sus propias manos valiéndose de sus escasas fuerzas, de un agresor furibundo, lo llevarían claro. Aún así la una ordena, avasalla y discute todo lo discutible -lo demás, también- con la premisa de llevar razón 'por ser vieja', y el otro bromea sin pudor ni respeto con cuestiones ajenas que debieran ser intocables. Tal actitud les pone, a mi entender, en lo que podría ser un punto de mira improvisado por cualquiera de sus vecinos; yo mismo, sin ir más lejos, en más de una ocasión he sentido el casi incontrolable arrebato homicida de lanzarme a por ellos con el puño bien cerrado y partirles la cara. Así, como suena.
     ¿Cuántos como ellos moran nuestras ciudades? Octogenarios impertinentes, minusválidos maleducados, discapacitados engreídos; simplemente siguen vivos por una sencilla cuestión que va más allá de la suerte que ahora mismo todos ustedes tienen en la punta de la lengua, y ésta es la corrección política. Ni uno sólo se quedaría intacto de no ser porque socialmente está mal visto abusar, especialmente de forma física, de todo aquel que nuestra sociedad presuponga en inferioridad de condiciones, lo que por otra parte no deja de poner en evidencia la hipocresía con que se defiende a cualquier supuesto inferior con independencia de que sus virtudes lo hagan merecedor de tal respeto.
     En definitiva, y resumiendo un poco, muchos de nosotros seguimos vivos a pesar de nuestro empeño en dejar de estarlo. Entenderán ustedes que ahora me despida abruptamente, sin preámbulos ni divagaciones de regalo, pues soy muy consciente que tras lo expuesto más de un lisiado con mal carácter querrá echarme el guante y un servidor, lo que se dice fornido o veloz, a qué engañarnos, no lo es y, cosa curiosa, sigo empeñado en resistir a pesar de mi incapacidad para cerrar la maldita bocaza.

sábado, 24 de diciembre de 2016

KEEP ON FIGHTING
No lo permitas,
el de-ve-nir... no te debe superar;
aunque la inevitable bruma
de la soledad,
la triste certeza
de la realidad
y el tedioso círculo
de la prudencia
-porque la prudencia, como el miedo,
mata el tiempo dando vueltas y
más vueltas
delante de tu puerta
cuando no sabe qué hacer-
pretendan asolar
el castillo que tanto te ha costado
edificar:
tu identidad, tu vida, tu razón;
no olvides que, después de todo,
tras el primer corte profundo
todos empezamos a sangrar.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

HISTORIA DE UNA CARTA DE AMOR QUE NUCA SERÁ ENVIADA
     Todo comienza con nuestras miradas encontrándose, nuestros ojos retándose, las pupilas desafiantes; después viene el primer beso, ligero, sedoso, más hambriento que sediento.
     En mi imaginación hemos hecho el amor cientos de veces, tantas como días nos hemos visto desde aquel primer viernes hace ya veinte años; puede que incluso alguna más.
     Siempre es igual. Con la llegada del último día de la semana laboral tú apareces con tus cajas, tus albaranes y tus partes de entrega; yo siempre me siento con ganas de arreglarme con la mañana, 'hoy me encuentro un poco coqueta' me digo frente al espejo, justo antes de girarme y abrirte la puerta. Entonces te sonrío y tú, me respondes; yo me derrito. Durante unos diez, quince minutos, charlamos; son tantas las cosas en las que coincidimos, tantos nuestros encuentros, que parece imposible pensar que lo nuestro podría no funcionar. Claro, todo esto lo digo desde la distancia prudente, desde mi encantada estancia en el misterio.
     Cuando llega la hora de despedirnos... ahí es cuando, siempre, veo en tus ojos un desafío o una invitación, una suerte de cómplice sonrisa que me confiesa que tú también lo estás deseando, que anhelas el beso. Pero yo dudo, tú no te atreves; nos dejamos escapar. Otra semana más. Mes tras mes, los años sucediéndose.
     A veces me pregunto si algún día dejará de ser así, si conseguiremos dar el salto y cruzar nuestros límites; aunque sólo sea una vez, por un simple sentimiento deudor de nuestras íntimas necesidades. Expectativas; ¿será ya demasiado tarde? Inevitablemente hay días en que pienso que nuestras canas debieran liberarnos de una vez; otros creo que son ellas mismas, junto con nuestras más profundas arrugas, las que nos frenan y retienen a este lado de la barreta, tristemente asentados en la cómoda seguridad del deseo.
     Quizá algún día, quizá... tú y yo, nosotros dos a este lado de la realidad, fundiéndonos desnudos en el dulce abrazo de los sueños alcanzados.